Edgard Cobo Cobo

Publicado el:: 18-12-2008

Reconocimientos como el Premio Nacional al Mérito Científico en el año 2007, otorgado por la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, ACAC, y el de Profesor Emérito de Obstetricia y Ginecología, por parte de la Universidad del Valle en el año 1985, le han dado al médico caleño Edgard Cobo Cobo la satisfacción y la tranquilidad de ver el resultado de su trabajo como investigador en el área de fisiología de la reproducción.

Edgard Cobo Cobo
Perfil elaborado en noviembre de 2008

Edgard Cobo Cobo decidió ser médico por recomendación de su padre, un inmigrante libanés quien le insistió que esa sí era una profesión de prestigio. Aunque no la escogió por convicción, pues quería ser arquitecto, la encaró con entusiasmo y se destacó como un buen estudiante en la Universidad Nacional de Colombia en el año 55.

Sus maestros Arturo Aparicio Jaramillo y Guillermo López Escobar vieron en él algunas inquietudes científicas, mientras la mayoría de sus compañeros de clase más bien pensaban en graduarse y abrir pronto un consultorio privado. “Esta tendencia, que aun sigue siendo mayoritaria, era muy marcada en esa época en la que la totalidad de nuestros profesores clínicos eran médicos de gran prestigio con mucha clientela particular, por lo que solo iban al Hospital en la mañana para dedicar el resto del dia a atenderla. Durante mi internado en la Facultad de Medicina de la Universidad del Valle, en Cali, viví una experiencia muy motivadora que marcó mi destino académico: en contraste con ese modelo, acá los profesores permanecían con los estudiantes todo el dia pues eran de tiempo completo y dedicación exclusiva, como lo fuimos despues muchos de los que los sucedimos”.



Cuando era estudiante del Colegio San Luís Gonzaga en Cali, Edgard Cobo Cobo “escribía poemas y versos más bien vergonzosos, algo frecuente en los adolescentes de mi época, que para mi fortuna se extraviaron; después de esos años colegiales solo volví a escribir artículos médicos y científicos para publicar en revistas nacionales e internacionales”, recuerda. Artículos que generalmente le publicaron sin mayores dificultades. “Últimamente, y eso viene con el inventario de los años, me inclino a escribir y dar conferencias sobre temas históricos”.

Al terminar sus estudios médicos tuvo una tentadora y jugosa oferta de trabajo en la ciudad de Villavicencio, pero contrario a lo que todos pensaban no aceptó, para volver a su Cali natal. Su familia lo tildó de loco por querer hacer su internado en la Universidad del Valle por una suma de dinero irrisoria, pero sentía que su vocación estaba en la vida académica más que en el ejercicio de su profesión. De hecho, despues de graduarse como especialista comenzó a realizar una sub-especialidad en Fisiología y Bioquímica, también en la Universidad del Valle, que implementaría despues en el exterior.

La Fundación Rockefeller le ofreció dos becas, una para viajar a New York y estudiar Cirugía de Cáncer Ginecológico y otra para especializarse en Ciencias Básicas (Fisiología Obstétrica) en la Universidad de la República en Montevideo, Uruguay. “Como escogí la de Ciencias básicas, una actividad conocida solo por su poca rentabilidad, mi familia reafirmó su convicción sobre mi condición de chiflado”, dice sonriendo el profesor Cobo, pero cuando poco a poco se fueron dando cuenta de que le iba bien en su trabajo, sus padres comenzaron a sentirse orgullosos del hijo médico.

Video de Édgard Cobo Cobo
"Volver a la investigación de base"


La beca que no aceptó terminó siendo otro regalo para Edgard Cobo Cobo. New York no salió del todo de sus planes, pues dice que su luna de miel la pasó en esa ciudad, en donde realizó un curso en Bioquímica de seis meses, también becado por la Fundación Rockefeller. Comenta agregando que ese país le dejó una impresión académicamente muy positiva, pero que no logró entender a la clase media norteamericana por su afán por el dinero y el consumismo.

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En la ciudad italiana de Latinoamérica
Su llegada a Montevideo, Uruguay fue todo un suceso, lo impresionó lo austera que puede llegar a ser una ciudad tan europea, insertada en Latinoamérica. “Buenos Aires es la gran capital latinoamericana de marcada influencia italiana y a su lado, Montevideo es una ciudad encantadora, del mismo ascendiente, donde la educación era gratuita y obligatoria y sus gentes tranquilas, serias y accesibles. Era una especie de Italia en español. Y allí tuve dos maestros excepcionales”, manifiesta el científico Cobo. Ellos fueron Hermógenes Álvarez y Roberto Caldeyro-Barcia, a quienes describe como dos seres humanos encantadores. “Uno era el clínico de gran imaginación y creatividad; el otro que en eso lo emulaba, resultó ser ademas uno de los mas brillantes gerentes de la fisiología reproductiva en Latinoamérica y el mundo gracias, ademas de sus conocimientos, a una imponente y seductora personalidad”, aclara.

Recuerda que justo Hermógenes Álvarez y Roberto Caldeyro lo expusieron al mundo científico internacional, pues el Laboratorio en el que trabajaba en Montevideo era visitado permanentemente por destacados investigadores europeos y norte y suramericanos y recibía becarios de muchos paises Alli aprendió lo que transmitió a sus estudiantes en Colombia al regresar a la Universidad de Valle, con unas ganas enormes de trabajar sus temas de investigación.

Apoyado por la Universidad del Valle y la Fundación Rockefeller creó el Laboratorio de Fisiología de la Reproducción, con el que rápidamente se dio a conocer en el ámbito internacional y en donde exploró con sus estudiantes diversos campos como fisiología y farmacología de la lactancia, algunos aspectos de los mecanismos disparadores del parto humano, actividad contráctil del utero humano durante el ciclo menstrual y el embarazo, y comportamiento del utero humano en algunas enfermedades frecuentes en obstetricia, como los estados hipertensivos en el embarazo, entre otros. Tambien trabajó en animales de experimentación, siempre en relación con los temas mencionados atrás.

“A los 6 meses de funcionamiento del laboratorio ya teníamos el primer resultado experimental original y empecé a escribir mi primer trabajo para el American Journal of Obstetrics and Gynecology y allí lo publicaron. También me esmeraba por mostrarle a mis estudiantes el sentido de la dedicación de lleno a investigación científica, pero lamentablemente la tendencia a la práctica privada sigue siendo tan fuerte, que entre muchos alumnos destacados y motivados inicialmente hacia la investigación, solo encontré uno que siguió este camino y hoy es un destacado investigador de prestigio internacional, y estoy hablando de muchos años de ejercicio docente”, comenta el científico.

En Cali, antes de viajar a Montevideo, tuvo un maestro brillante, el profesor Luis Maria Borrero. Un hombre disciplinado, un científico puro que enseña con el ejemplo. El profesor Cobo Cobo dice que la investigación en Colombia es una actividad relegada y vista como poco rentable y más en su profesión. Desde sus inicios en el campo científico, siempre vio un error conceptual y practico en los trabajos de sus estudiantes y de varios colegas, estaban más inclinados a realizar y publicar trabajos con el supuesto casi siempre falaz de corroborar investigaciones ya publicadas y en muchos casos científicamente comprobadas, que en innovar en otros campos de la medicina clínica.

“Preferían investigar sobre lo que ya estaba investigado, para llegar a la conclusión de que sus resultados confirmaban los resultados obtenidos por investigadores extranjeros, 10 años atrás. Esto es equivalente al “refrito”, una característica de la literatura latinoamericana, que criticaba en esos tiempos el escritor Julio Cortazar”. Despues se olvidaban y abrían un consultorio. No digo que eso del consultorio sea algo malo; de hecho, durante mis 32 años de actividad como profesor universitario, ejercí en un consultorio privado por más de 10 años, pero lo veía como un complemento económico que me permitió invertir en la educación de mis hijos y al tiempo continuar con mi actividad académica y de investigación”, dice.

Insiste en afirmar que puede llevarse una buena vida como investigador, como la que ha pasado al lado de su esposa y sus dos hijos. Se jubiló en la Universidad del Valle hace 14 años, pero continuó realizando proyectos de investigación en la Fundacion Clínica Valle del Lili, hasta hace 2 años. “De la investigación se puede vivir decente y hasta sofisticadamente, si se tiene creatividad y competitividad. Es ingenuo creer que nuestra condición de país subdesarrollado, nos impide competir en muchos campos con los investigadores de los paises desarrollados. Además, el reconocimiento de los colegas y la difusión del conocimiento nuevo hacen que uno sienta que no esta trabajando, sino haciendo lo que le gusta hacer. Tambien hay que reconocer que los investigadores tienden a vivir con mayor austeridad que quienes ejercen solamente su actividad clínica, y esto tiene sus ventajas ya que les permite ahorrar; “Paradójicamente, como tenia esa disciplina, cuanto más me invitaban y más viajaba, mas ahorraba”, dice.

Sobre su quehacer profesional siempre pensó que tuvo un poco más aciertos que desaciertos, pero sobre todo más satisfacciones e inquietudes: “La investigación básica dentro de las disciplinas clínicas es una actividad que se ejerce con mucha intensidad en los países desarrollados. Entre nosotros lo que, en alguna época, llegó a ser reconocido, se ha ido perdiendo en beneficio de la llamada investigación con aplicaciones prácticas inmediatas, tanto que en algunos ambientes llega a confundirse erróneamente con la epidemiología clínica, a pesar de que esta última es hoy una especialidad científica en permanente desarrollo. Se ha abandonado mucho el principio de que la investigación científica que no tenga una connotación práctica inmediata no tiene mucho sentido cuando, al contrario, pienso que esa es una forma superior del pensamiento de un investigador, que debe investigar los fenómenos en su naturaleza y no siempre porque vayan a tener aplicación el año entrante”, dice.

Cree en la importancia de lo que hace el ser humano cuando justamente le gusta lo que hace, por eso, piensa que ser objetivo, critico y tener los pies en la tierra es algo clave en la vida de un investigador.

A recibido premios y distinciones institucionales como reconocimiento a su labor, entre otros, el de Miembro Honorario del Servicio de Fisiología Obstétrica de la Universidad de la República, Montevideo, Uruguay en 1961; Miembro fundador en 1.964, y Presidente, en 2.002-04, de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Reproducción Humana, Miembro Fundador y Representante de Colombia ante el Consejo Directivo del Programa Latinoamericano de Investigación en Reproducción Humana, en 1973; Premio a la Investigación Científica, Universidad del Valle, en 1979; Premio a la Investigación Científica de la Beneficencia del Valle del Cauca. Cali, en 1980; Profesor Emérito de la Universidad del Valle y Condecoración Oficial Simón Bolívar, por servicios eminentes en el campo de la educación, la ciencia y la cultura, del Ministerio de Educación, en 1985; Medalla de Oro y Honor al Mérito Perinatal, Maternidad Santa María en Valencia, Venezuela, en 1992; Miembro Honorario de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Reproducción Humana, en 2005; Premio Nacional al Mérito Científico, Categoría Vida y Obra, de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, en 2007 y Socio Correspondiente Extranjero de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, Madrid. España, en 2008, entre muchos otros que aparecen en su hoja de vida y que él mismo prefiere no nombrar.

{* title=Aprender a no hacer nada}
Aprender a no hacer nada
Desde que se jubiló el profesor Edgard Cobo Cobo está dedicado a no hacer nada y lo dice con una seriedad que su frase empieza a tener sentido cuando lo explica literalmente: “Yo he aprendido una cosa bastante difícil y es aprender a no hacer nada, pero eso me tranquiliza porque a mi edad, 76 años, todavía preparo conferencias, tengo montadas alrededor de 80, me dedico a escuchar mi música, preferencialmente ópera de la que soy un buen fanático, leo sobre literatura, política, pintura, me reúno a conversar con mis amigos en las tardes de cualquier dia de la semana, etc.”, comenta risueño, por eso en broma dice que cuando lo invitan a algún evento siempre tiene que revisar su agenda, porque vive muy ocupado en no hacer nada.

Contrario a los que muchos pueden pensar, el doctor Cobo Cobo no se siente infeliz con la jubilación, “la gente dice que uno se muere cuando se jubila, pero lo que creo es que uno se muere porque se jubila viejo y los viejos se mueren, pero yo me siento a gusto, disfruto pasar más tiempo en casa vivendo de mi jubilación y descansando despues de haber tenido una agitada vida profesional. Cada edad tiene su encanto y hay que saber percibirlo”.

Recuerda gratamente las palabras de un ex-alumno amigo que escribió en un articulo de difusión cultural: “El medico que no sabe sino medicina ni medicina sabe”, algo que él siempre ha procurado agregar a su vida práctica. Ha tenido inclinaciones culturales, como la música, la lectura y escritura, “durante toda la vida he ocupado muchas horas en acercarme a la cultura general y eso ha ayudado mucho a mi desarrollo profesional y humano; lo aprecio mucho con mis buenos amigos especialmente cuando vienen a mi casa, y me permiten compartir su erudición y disfrutarla en mi “guarida”, que es mi biblioteca personal”, dice.

Por eso aclara que un principio fundamental de la vida es no quedarse encerrado en una misma actividad y que todas las actividades alternas tienen que hacer parte de todo el entorno profesional y familiar.

Esa tranquilidad la refleja cuando habla de su hija, arquitecta y docente de una Universidad en Londres, y su nieta de apenas 1 año de edad, y a las que ve dos o tres veces al año. Su hijo falleció a los 32 años, victima de cáncer y si bien es cierto padece un duelo que nunca se acaba, puede sobrellevarlo gracias a sus nuevas inquietudes.

Tambien revela que sus hijos nunca tuvieron una inclinación hacia su profesion médica, ni tampoco se las impuso; al contrario eran más bien críticos con ese tipo de trabajo, aunque en su camino siguieron muchos de los ejemplos de vida y de ejercicio profesional adquiridos en el hogar. “Ellos son de la otra generación, la generación del gran cambio, con una brecha generacional bastante mas amplia que la mía”.

En alguna discusión en la que disentíamos recuerdo que mi hijo me decía: el mundo ha cambiado mucho viejo, ha cambiado… y yo le respondía diciéndole que eso era absolutamente cierto y que el mundo seguiría cambiando cada vez mas y a mayor velocidad, gracias justamente al desarrollo científico y tecnológico, pero que el hombre como tal, seguía siendo bastante parecido a Adán y a sus hijos. No es sino leer con ojos críticos este mundo tan agresivamente cambiante en el que vivimos”.