Científicos en el área de Agronomía, Veterinaria y afines

Miguel Gonzalo Andrade Correa

Publicado el:: 11-07-2006

Siendo niño daba alaridos cuando veía cucarrones y orugas. Hoy en día, Miguel Gonzalo Andrade Correa ha recorrido casi todo el país con su red cazando mariposas, y es considerado uno de los pocos expertos de Colombia en este tipo de insectos.

Miguel Gonzalo Andrade Correa
Perfil elaborado en junio de 2006

Desde el punto de vista de la biología, es muy probable que Miguel Gonzalo Andrade conteste cualquier pregunta que se le formule sobre las 3.272 especies de mariposas colombianas. Conoce sus características y hasta la personalidad de cada una de ellas. Ni siquiera se le escapan las famosas mariposas amarillas de Cien años de soledad, el libro del premio Nóbel de literatura Gabriel García Márquez, “que viven al borde de los ríos, junto a las canoas, en los sitios donde paran los pescadores, y son atraídas por esos olores fuertes de la pesca”.

En su recorrido por Colombia, cazando mariposas, ha encontrado seis especies nuevas para la ciencia, es decir que no habían sido descritas anteriormente, entre ellas la Cissia ucumariensis, a la que bautizó así por haberla encontrado revoloteando por el Parque de Ucumarí, en Boyacá, y la Anthiarraeae isabelae que le dedicó a una profesora suya, Isabel de Arévalo. “Ese fue mi agradecimiento y mi homenaje hacia ella, pues después de haber ganado el concurso para un entomólogo, hoy ocupo el lugar que ella dejó libre en el Instituto cuando se pensionó”.

Se refiere al Instituto de Ciencias Naturales, ICN, de la Universidad Nacional de Colombia a donde llegó en 1990, y donde ha realizado su carrera como lepidopterólogo, o científico especializado en polillas y mariposas. Hizo allí su maestría en biología sistemática, y se graduó haciendo la revisión de un género de mariposas llamado Actinote. En el Santuario de Fauna y Flora de Iguaque, en Boyacá, encontró y describió por primera vez la Actinote iguaquensis, una pequeña mariposa negra con un par de manchas rojas en el centro de sus alas, muy atractiva.

{* title=Mariposas y polillas}
Mariposas y polillas


Uno no puede decir cuál es la mariposa más hermosa, dice Andrade, porque cada una tiene su propia belleza por su colorido, y porque además a veces son tan raras que tienen unos colores encima de las alas y otros por debajo. Más que por su belleza, también son muy atractivas por la contribución que hacen al medio donde se encuentran. Andrade explica que dentro de todos los grupos de animales, las mariposas se constituyen en los principales bioindicadores de la calidad de la vida: “Sólo con encontrarse una mariposa volando en determinado sitio, sin saber nada de botánica, ni de nada, uno puede saber el tipo de bosque en el que se encuentra”.

Así, las mariposas no están en la naturaleza solamente para alegrar el paisaje con su colorido y el revolotear de sus alas. “Las mariposas que tienen colores atigrados en sus alas o cuyos colores son muy fuertes como rojos, amarillos o naranjas, son altamente venenosas”, dice. Cuando un pájaro las pica con intención de comérselas, inmediatamente las vomita. “El pájaro aprende. Son colores de advertencia para sus predadores”.



Tienen otra característica interesante, sigue contando Andrade. “Hay mariposas que en su estado de oruga arrasan con todas las hojas de una enredadera y no les pasa nada, mientras que si una cabra se come una hoja solamente, puede quedar paralizada”. Los insectos son muy diferentes al resto de los animales, continúa. “Mientras nosotros asimilamos los compuestos tóxicos de las plantas y por eso nos hacen daño, las mariposas los guardan en su organismo y los utilizan como mecanismo de defensa en el momento de ser atacados. La mariposa tiene unos huecos en sus abdómenes que en el momento en que el pájaro le pega el picotazo ella bota esa sustancia y eso hace que el pájaro la vomite por su sabor desagradable”.

Las polillas también forman parte del grupo que estudia Andrade, desde las que se comen la ropa en los armarios, hasta esas grandes negras que se pegan a las paredes blancas.

Entre las polillas, la Eloria noyesi, en su estado de oruga se come las hojas de la planta de coca, razón por la cual ha sido propuesta como posible solución a la erradicación de los cultivos ilícitos de esta planta en el país. “El gran inconveniente técnico es que de las cinco especies de coca, solamente de dos de ellas se produce la cocaína, y aún no sabemos si esta oruga es específica de esas dos especies. Es necesario hacer las pruebas que ni son costosas, ni demoradas”. Pero el tema se ha dilatado y el gobierno aún no se ha lanzado a probar este mecanismo. “No estaríamos causando ningún impacto porque la polilla está distribuida naturalmente en Colombia. Si no fuera así yo sería el primero en decir ‘a eso no le jalo’”.

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Científico, pero también administrador


Dejó un poco de lado su red, sus gavetas y sobres donde guarda sus mariposas de todos los tamaños y colores, para ocupar el cargo de director del ICN durante ocho años, desde 1995. Le tentaba el cargo, no lo niega, aunque siempre socializó todas las decisiones que tomaba. No era para menos, si fueron sus mismos colegas profesores quienes lo postularon y lo eligieron para el cargo.

Destaca como uno de sus logros el haber involucrado a todos los investigadores del Instituto en la era de la Internet. El del ICN fue el primer edificio de la Nacional en tener punto de teléfono y de Internet en la oficina de cada profesor.

Recuerda también la coyuntura del momento en que fue nombrado, recién creado el Ministerio del Medio Ambiente (1993) y los cinco institutos de investigación, el Humboldt, el Invemar, el Sinchi, el del Pacífico y el Ideam, y el equipo de trabajo que organizaron todos sus directores, que incluyó sobretodo a los cuatro primeros y al ICN. El Instituto ya tenía presencia a nivel nacional, pero desde entonces empezó a tener mucha más participación en las estrategias nacionales en materia ambiental.

Luego pasó a ocupar el cargo de Director de Ecosistemas del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, y reemplazó al viceministro de ambiente en varias ocasiones. Hoy en día, nuevamente como investigador de tiempo completo y profesor de la Universidad Nacional, continúa asistiendo a reuniones ministeriales dentro y fuera del país, representando los intereses ambientales nacionales, porque de las orugas y las mariposas ya pasó a tener una visión más global y siente que su responsabilidad es con toda la política ambiental. Eso no le quita que ellas siguen siendo “su norte”.

{* title=El doctorado, también en mariposas}
El doctorado, también en mariposas


Andrade hace balance de las tres responsabilidades que ha tenido como profesional. Como docente, ha generado escuela. Si cuando llegó al Instituto no había quien estudiara las mariposas, hoy lidera un grupo de investigación, Mariposas de Colombia, por el que han pasado estudiantes hoy con maestrías y doctorados, vinculados a otras universidades o en la propia Nacional.

Como investigador, lidera actualmente cinco proyectos de investigación, todos sobre mariposas. Lo único que le faltaría sería adelantar su doctorado, en mariposas, por supuesto. “Mi visión de tesis doctoral es el estudio completo de todas las especies de mariposas de Colombia, pero estoy tratando de definir entre hacer una diferenciación molecular de las 3.272 especies del país, o hacer un análisis de la biogeografía de las especies de Colombia”.

Como administrador y gestor de políticas, continúa participando en cuanta reunión de toma de decisiones sobre temas ambientales se realice. Es el representante de las universidades públicas en el Consejo Técnico Asesor de Política y Normatividad Ambiental, nombrado por el ICFES; como miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales pertenece a la Comisión de Parques Nacionales, ha participado en la delegación de Colombia ante algunas reuniones del Convenio de Diversidad Biológica y de CITES. “Aunque quisiera, es una actividad de la que es muy difícil desprenderse porque uno ya está tan enterado del tema ambiental, que le duele esta temática”.

Y como aún le queda un poco de tiempo, conjuntamente con otros dos colegas está armando la Asociación Colombiana de Lepideptorología, y mantiene actualizado un blog con información científica pero escrito de manera amigable sobre las mariposas de Colombia.

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Biología hasta en su casa

En su casa comparte su vida con Ángela, su esposa, experta en anfibios, y Sofía, su pequeña hija, quien “es una gran observadora; siempre quiere mirar las mariposas del papá y las ranas de la mamá”, dice Andrade, recordando inmediatamente una anécdota. Hace unos días viajaron por tierra a Bucaramanga, acompañados por otros miembros de la familia. En una parada en Socorro una tía la llamó: ‘Mira Sofia, en la pared hay una mariposa". La pequeña, quien no había cumplido los tres años, se acercó entusiasmada. La miró, y luego se volteó y le dijo: "no tía, no es una mariposa, es una polilla". “Es de una exactitud en las cosas, que nos deja impresionados, y no es que nos hayamos puesto a enseñarle exclusivamente sobre estas cosas. Ella se las pilla todas”, concluye el orgulloso padre.

Como una paradoja de la vida, Andrade recuerda los alaridos que daba cuando, de chiquito, veía cucarrones, orugas, o cualquier clase de insectos, hasta que un día su papá, un profesor de biología, dedicado a la taxidermia, sin importar la pataleta de su hijo, lo acercó para que viera una libélula en acción en el patio de su casa. No sabe si desde ahí le empezó a gustar la biología, o desde que acompañaba a su padre a dictar las clases en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja. El hecho es que hoy no se arrepiente de ser uno de los “duros” en polillas y mariposas.