Científicos en el área de Ciencias de la Salud

Jaime Escobar Triana

Publicado el:: 27-10-2006

Jaime Alberto Escobar Triana lleva casi treinta años dedicado a desarrollar los estudios de bioética en Colombia. Sus aportes tocan temas como la eutanasia, la muerte digna, la clonación, y en un contexto más nacional, la relación de la bioética con situaciones propias del país, como la fumigación aérea de la coca.

Jaime Escobar Triana
Perfil elaborado en septiembre de 2006

El profesor Jaime Alberto Escobar Triana ha sido elegido rector de la Universidad El Bosque seis veces, pero la comunidad científica lo identifica indudablemente por ser uno de los pioneros de los estudios de bioética en Colombia.

Médico cirujano de la Universidad Nacional de Colombia, especializado en coloproctología en la Universidad de Londres, desde muy temprano en su profesión se dedicó a pensar en el paciente como ser humano, en sus derechos, en su dolor y en su débil posición desde la camilla de un hospital o sentado al otro lado del escritorio del médico recibiendo su diagnóstico.

Fue en 1975, cuando dirigía la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital San Juan de Dios, cuando vivió en toda su intensidad lo que él llama “los problemas de las nuevas tecnologías”. Por los casos que tenía que ver a diario, constantemente se preguntaba hasta dónde llega la vida y cuándo comienza la muerte, con qué criterio se definía conectar o no a los pacientes a los ventiladores que los mantenían vivos, hasta dónde el médico podía incidir en la toma de decisiones para mantener a un paciente con sus funciones vitales biológicas, quizá haciendo indefinida su agonía, y ¿dónde quedaba la calidad de vida de los pacientes?

Desde entonces organizó seminarios para discutir los problemas éticos, esos grandes cuestionamientos que en ocasiones dejan al médico sin respuestas, y a partir de esas reflexiones, generar un nuevo enfoque hacia la práctica médica, y redefinir conceptos tan comunes como salud y enfermedad.

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El rápido avance de la medicina

La transformación del concepto de la medicina está ligado a los avances biotecnológicos, explica. “Las biotecnologías logran hacer cambios que no se habían dado como modificar el comienzo de la vida humana y el final de la misma. Eso produjo cambios en el ejercicio profesional y en la aparición de la posibilidad de hacer lo que nunca se había hecho, por ejemplo un trasplante de órganos o en el caso de los tratamientos para las enfermedades renales, mantener a una persona viva gracias a una máquina”, dice.

Como consecuencia, de éste replanteamiento sobre lo que es la medicina y la filosofía de la medicina, surge la bioética, casi en reemplazo de la ética hipocrática, una bioética que abarca otras disciplinas como la filosofía, la teología, el derecho, que incluye además a todas las ciencias de la salud, y que tiene que ver con otros campos como el medio ambiente, los estudios de ciencia, tecnología y sociedad (CTS), los derechos humanos.

Escobar Triana profundizó entonces sus conocimientos haciendo estudios de posgrado en filosofía de la ciencia y en bioética en los años noventa. Pero desde que fue nombrado decano de la Escuela Colombiana de Medicina, hoy Universidad El Bosque, en la década de los años setenta, luego director de investigaciones y ahora rector, se ha dedicado a la bioética médica clínica.

En 1995 la Universidad abre un programa de especialización en bioética. El campo de estudio se va ampliando y esto permite abrir la maestría en el año 2000, y ofrecer también el doctorado, abriendo las posibilidades de estudios mucho más de fondo sobre la investigación de la bioética, desde diferentes enfoques. Hoy en día, Escobar Triana también dirige el departamento de bioética de la universidad.

“Creo que la medicina fue victima de su propio éxito”, dice, “porque ya el concepto no es solamente la enfermedad sino la salud, pensada desde lo social, lo económico y lo político, y eso plantea grandes crisis del sistema de la salud, de la justicia, de la distribución de los recursos”.

Surgen entonces elementos nuevos, como el concepto de la autonomía de las personas, el paciente como un sujeto moral con derechos, con una posición activa frente a su médico, el consentimiento informado, el derecho a la vida digna.

Además del grupo que lidera, Escobar menciona otros grupos de investigación en universidades colombianas que trabajan el tema, lo que permite diversidad y desarrollo del concepto de la bioética en el país, y un mayor conocimiento por parte de los ciudadanos, que se han apropiado del término y de su significado.

Desde el punto de vista científico, dirige la colección Bios y Ethos, desde hace diez años, que circula nacional e internacionalmente. Conjuntamente con Yolanda Sarmiento de Escobar, coordinadora del departamento de bioética, antropóloga, con maestría en bioética y además su esposa, publica otra serie pedagógica, dirigida a los más de 25.000 maestros del país, que les facilita el tratamiento de estos temas con sus alumnos de primaria y secundaria, e incluye el análisis de temas que se presentan con frecuencia en sus contextos.

{* title=La facultad en la Escuela}
La facultad en la Escuela

Conjuntamente con otros profesionales de la salud, Escobar Triana fundó la facultad de medicina de la Escuela Colombiana de Medicina en 1978, con un sentido diferente a las ya existentes: rescatar las ciencias humanas médicas, que a su juicio se habían perdido, y enseñar la medicina con un enfoque no solamente biológico, “sino bio-psico-social-cultural, porque cualquiera de esos factores que actúan sobre el cuerpo afectan a la persona”.

De tal manera que el programa incluía tres grandes áreas de trabajo: la bioclínica, la psico-social y la comunitaria, lo que significó hacer más énfasis en el estudio a partir del ser humano vivo. “Tradicionalmente se enseña a partir de los muertos, pero es que aquí lo que hay son vivos”, afirma. “La medicina es para los vivos y el cadáver viene después”. Como eje transversal, la carrera ofreció desde el primer semestre un seminario sobre historia de la ciencia y de la medicina, que incluía discusiones sobre bioética.

Con más de 20 promociones de egresados, Escobar piensa que aunque es difícil medir el impacto de ese nuevo enfoque en el ejercicio médico de los profesionales de la Universidad El Bosque, si se refleja ese criterio más humanístico en la práctica. El problema es que ese enfoque “choca contra el sistema de salud que los está midiendo por la parte biológica y casi por un taxímetro, por el número de pacientes que atienden al día”, afirma, para rematar diciendo que el sistema de salud colombiano no permite una relación fluida y humana entre el médico y su paciente.

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Bioética y la realidad del país

La vida profesional de Escobar Triana transcurre en el análisis constante de dilemas sobre situaciones del ser humano que no son claras, razón por la cual asiste frecuentemente a congresos y seminarios nacionales e internacionales en los que se discuten temas mundiales como la clonación, la experimentación en células madres con fines reproductivos y terapéuticos, el aborto, la eutanasia.

No se trata de temas fáciles y por eso el análisis de cada caso forma parte de las discusiones de los expertos. “En bioética se usa mucho la casuística; en cada caso se discuten los pros y los contras, las posibles consecuencias de las decisiones que se tomen”.

Todos estos temas, dice, significan “un proceso de posibilidades que tiene la humanidad, para bien o para mal, pero en realidad eso siempre se produce cuando hay un hecho nuevo, como por ejemplo los trasplantes que causaron un impacto brutal, cómo va a despertar con un corazón de otro, u orinar por el riñón de otro”.

Con relación a la clonación, no cree que sea posible producir un ser humano exactamente igual a otro. “Eso no es tan cierto. Hay una serie de elementos que no se pueden copiar, como el cerebro, pero es que además hay una parte genética que no es tan fuerte y se modifica mucho por la sociedad y el ambiente en que se cría la persona”.

Sobre la muerte digna, su reflexión inicia con la siguiente frase. “Se dice hoy en día que la vida de los seres humanos debe ser una vida digna. La muerte forma parte de la vida, luego la muerte tiene que ser digna también. Algo que antes era tan sencillo, porque si la persona no respiraba, significaba que estaba muerta, se convirtió en un gran problema a través de las técnicas. Hay entonces una redefinición de lo que es la muerte y la muerte digna tiene mucha relación con la vida digna y no con la vida como valor absoluto”.

En Colombia pertenece a la Comisión Intersectorial de Bioética creada por el Ministerio de Salud en 2001 como órgano consultivo y asesor del Gobierno Nacional, para el estudio, análisis y formulación de políticas públicas en temas relacionados con la protección del ser humano, frente a la investigación, desarrollo y a la aplicación de los conocimientos científicos y tecnológicos.

“Los comités de bioética asesoran, dan sus puntos de vista y opinan, pero hasta ahí llega su responsabilidad”, aclara Escobar, agregando que la bioética no impone, porque dejaría de ser bioética. Es enfático al afirmar que muchos de los problemas que afronta el país tienen que ver con la bioética, como por ejemplo la fumigación aérea de los cultivos ilícitos: “Como somos parte de la cadena de la vida, al fumigar estos cultivos no solamente se mata el cultivo sino se causa daños enormes al resto de la flora y de la fauna, seguramente por sustancias que no se mencionan y que forman parte de la mezcla utilizada”, reflexiona.

Su paso por la rectoría de la Universidad El Bosque también le plantea retos, más aún cuando es parte del proceso de cambio del papel de las universidades hoy en día. “La universidad ha entrado en periodos de cambio, que llamamos crisis, pero que en realidad son oportunidades”, afirma. En su caso, la impronta tiene que ver con el arte y la ética. “Si no tenemos arte y ética las universidades perecerán o están amenazadas de desaparecer como entidades. Eso no quiere decir que no se inserte dentro de los fenómenos de la productividad”.

Finalmente considera que las carreras deben ser más cortas, porque el conocimiento va cambiando a velocidades alarmantes y “cuando el estudiante se gradúa, ya le han cambiado todo, se gradúa de una cosa que ya no es”. Por ello le apunta a la investigación, al ofrecimiento de maestrías y doctorados, para formar ciudadanos con capacidad para estudiar toda la vida, adaptándose a los cambios que significa la llegada de las nuevas tecnologías y su incidencia en la vida del ser humano, como él lo ha hecho.