Científicos en el área de Ciencias de la Salud

Saúl Franco Agudelo

Publicado el:: 18-01-2008

En su calidad de médico, Saúl Franco Agudelo se ha dedicado durante casi 30 años a luchar por la vida. Lo meritorio de su trabajo ha sido el estudio de la violencia como problema de salud pública. Su tema principal es el conflicto armado interno, sobre el que ha propuesto nuevas perspectivas de análisis y salidas en pro de la paz.

Saúl Franco Agudelo
Perfil elaborado en Enero de 2008

Una escalada de acciones paramilitares contra la intelectualidad antioqueña durante la década del 80, que culminó con el exilio de varios docentes de la Universidad de Antioquia, entre ellos Saúl Franco Agudelo, le hizo confirmar al académico que la violencia en Colombia se había convertido en un delicado problema de salud pública.

El higienista Héctor Abad Gómez, su maestro, en 1962 hizo los primeros pronunciamientos sobre la urgencia de abordar el tema a la luz de la Medicina, pero el proyecto de analizar el fenómeno quedó inconcluso luego de su asesinato en 1987 a manos de sicarios. Abad Gómez engrosó la lista de docentes universitarios cuyas voces fueron silenciadas en Medellín (cerca de 20), junto a Leonardo Betancur, Pedro Luis Valencia y Luis Fernando Vélez, todos cercanos a Saúl Franco.

Desde el momento en que este último abandonó el país rumbo a Brasil, se dedicó a materializar el sueño de su maestro. Por ello, conjugó la Medicina con la mirada social e histórica para seguirle la pista a los detonantes y a las consecuencias del conflicto armado, los homicidios y la violencia intrafamiliar.

En los años de exilio, coordinó en Brasil la creación del Centro Latinoamericano de Violencia y Salud, de la Fundación Oswaldo Cruz, que desde hace 18 años permite realizar estudios comparados en los países de la región. Al poco tiempo se vinculó a la Organización Mundial de la Salud (OMS), gracias a la cual recorrió el mundo compartiendo sus aprendizajes, y años después hizo en Colombia un significativo aporte con la creación del Doctorado en Salud Pública de la Universidad Nacional, programa que se encuentra actualmente bajo su dirección.

Dicha contribución tuvo como antecedente en su carrera una tesis de maestría sobre los factores históricos, económicos, sociales y culturales vinculados a la Malaria en América Latina y el trabajo doctoral sobre el homicidio en Colombia, en el que arroja respuestas a la pregunta ¿por qué nos matamos los colombianos?

Uno de sus últimos énfasis investigativos ha sido el impacto del conflicto armado en la misión médica. Es decir, cómo se amenaza a los galenos del país, se asaltan las ambulancias, se asesina a los pacientes dentro de los hospitales, se atacan los centros de atención médica, se desplaza al personal de salud y se le obliga a atender heridos pertenecientes a los actores armados.

{* title=Saber con aplicación inmediata}
Saber con aplicación inmediata
El interés de Saúl Franco por la Medicina fue una total sorpresa en una familia con profesionales ligados exclusivamente a la educación y a las Ciencias Humanas, aún más cuando decidió renunciar a la Filosofía, de la que estaba a punto de graduarse, para hacerse Doctor. “La Filosofía no tenía una aplicación inmediata, aunque me aportó bases conceptuales y rigor de pensamiento”, recuerda. El joven de 26 años quería acercarse a los problemas de la gente y la Medicina surgía como una opción muy interesante.

En 1970 se presentó a la Universidad Nacional Sede Medellín y a la Universidad de Antioquia, pero finalmente se matriculó en la segunda. A la Nacional volvería muchos años después (1993) en calidad de docente, pero esta vez de la sede Bogotá. “Al finalizar la carrera, mi interrogante era cómo unir las dos disciplinas (Filosofía y Medicina) y me incliné por la historia de la Medicina. Sin embargo, por consejo de Juan César García (investigador argentino) finalmente opté por la Medicina Social”.
 
Dicho énfasis lo condujo a los estudios de Maestría en la Universidad Autónoma Metropolitana de México entre 1978 y 1980. Allí abordó el desarrollo de la Malaria en los países latinoamericanos que compartían la enfermedad. “La tesis fue muy bien recibida y tiempo después descubrí que con ese texto se había abierto una perspectiva nueva. La investigación señalaba los factores biológicos que contribuyen a extender la Malaria y que deben ser tenidos en cuenta para frenarla”.

 Dicha experiencia fue prontamente aplicada por Franco en el Urabá Antioqueño (Colombia). En 1981 se dio a la tarea de conformar un equipo multidisciplinario de investigadores para evaluar el contexto en el cual se desarrollaba la Malaria en ese territorio selvático. Médicos, trabajadoras sociales, promotoras de salud, entre otros académicos, con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial, Colciencias y la Universidad de Antioquia, se centraron en las condiciones de vivienda de los lugareños durante seis años, para evaluar cómo influían en la adquisición de la enfermedad.

 “Aprendimos a construir transdisciplina en una época en que esa era una tarea quijotesca y logramos crear un lenguaje común a partir de problemas concretos. Rompimos esquemas administrativos en la Universidad de Antioquia (de la que era docente), superamos resistencias a investigar y a innovar y convivimos incluso con obstáculos financieros”.

{* title=De la presión sutil a la violencia concreta}
De la presión sutil a la violencia concreta
Al ingresar al Urabá Antioqueño en 1981, Franco y su equipo de investigadores no habían conocido de cerca el conflicto armado interno, agudizado años después por la incursión paramilitar en la zona. “En esa época la violencia no era tan fuerte. Existía una tensión contra los sindicatos bananeros, que eran acusados de guerrilleros, pero el conflicto no era evidente”.

Sin embargo, en 1987, ante una escalada de acciones paramilitares en Urabá y contra la intelectualidad antioqueña en Medellín, los profesionales de la salud se vieron obligados a dejar Colombia en cuestión de horas. A Saúl Franco le ofrecieron asilo en Canadá, en Argentina y en Brasil, pero él optó por el último país. “En ese momento en Colombia había 30 investigadores en el tema de Malaria, pero ninguno se preguntaba por la violencia como problema de salud pública. Ante la dramática experiencia que nos tocó vivir en carne propia supe que mis intereses investigativos y mi vida en general debían tomar otro rumbo”.

 

El día 26 de julio de 1987, Franco llegó solo a Río de Janeiro. Atrás quedaron sus padres, su esposa, sus dos hijos y sus otros familiares. No obstante, meses después su familia nuclear viajó a hacerle compañía. “El exilio es una ruptura abrupta e impuesta que aplaza todos tus proyectos. Al igual que el secuestro, uno sabe cuándo comienza, pero no cuándo termina. Sin embargo, cada uno avanzó en sus estudios, mi esposa, dermatóloga, adquirió nuevos conocimientos y yo continué con mis investigaciones”.

Saúl Franco se metió de lleno en las causas y los impactos de la violencia. Colombia comenzaba a constituirse en un paradigma mundial, pero él optó por hacer una mirada latinoamericana. Este año vuelve al tema con un acercamiento a fenómenos como las MARAS (pandillas delictivas juveniles) en Centro América y a los homicidios contra jóvenes en las Favelas (barrios marginales de Río de Janeiro) de Brasil.

Entre 1989 y 1991 el científico siguió la ruta investigativa de la violencia desde su rol de funcionario de la Organización Mundial de la Salud en Washington y amplió su mirada a partir de dos encuentros internacionales, uno en Brasil y el otro en Uruguay. Las amenazas contra su vida parecían ser cosa del pasado y a pesar de cursar su doctorado en Brasil, regresó a Colombia para elaborar la tesis sobre el homicidio en nuestro contexto. “Quería saber qué condiciones estructurales lo hacen posible, las razones más íntimas y de largo aliento, las situaciones coyunturales que lo detonan”.

{* title=Tres claves para la paz}
Tres claves para la paz
“Para mí es claro que lo que produce la violencia no es la pobreza, es la inequidad, es decir, cuando la gente percibe que unos tienen mucho y otros poco y ven esa situación como injusta”. Según el académico, ese factor (la inequidad) conjugado con la intolerancia y la impunidad se traduce en hechos violentos como el homicidio. “En la intolerancia somos excepcionales, pues no aceptamos la opinión de otros, su condición política y su opción sexual. De otro lado, es preocupante el tema de la impunidad. La gente se siente orgullosa de su capacidad para evitar ser sancionada. A medida que aumentan los homicidios baja la cantidad de condenados. Eso facilita la justicia por cuenta propia”.

Según Franco, en la sinergia de esos tres factores, atizados por la confrontación armada, el narcotráfico y la incapacidad de resolución de necesidades por parte del Estado y la sociedad están las claves para entender y atender la violencia en Colombia.

Una de sus principales preocupaciones ha sido el conflicto armado interno, sobre el que hace dos anotaciones: la primera es que si de parte del Estado y de los actores armados continúa un discurso que legitima la acción violenta para alcanzar determinados fines, se seguirán atizando las tensiones sociales del país. La segunda se refiere a que las guerrillas han sufrido una degradación a causa del narcotráfico y por la conversión de sus medios en fines, razón por la cual tienen a cientos de nacionales secuestrados en condiciones inhumanas.

“No hay derecho a que en nombre de ninguna causa se prive de la libertad a un ser humano. Desde la perspectiva médica, los secuestrados pasan por problemas severos de desnutrición, de depresión producida por la privación intelectual, de higiene, familiar, sexual y afectiva. Adicionalmente, están expuestos a las enfermedades propias de la selva como la Malaria, la Leishmaniosis y el Dengue”. Ese es el caso de Ingrid Betancur y los otros colombianos que se encuentran secuestrados desde hace meses o años (según la Fundación País Libre, de 1996 a septiembre de 2007 fueron secuestradas 23.401 personas en el país, de ellas más de tres mil se encuentran todavía cautivas).

Las pruebas de vida entregadas en 2007 por las Farc y las enviadas con la ex parlamentaria Consuelo González y la ex candidata a la vicepresidencia Clara Rojas, liberadas a comienzos de 2008, demuestran delicados estados de salud en los secuestrados. Por esa razón, el académico afirma “eso tiene que hacer reaccionar al país y al Gobierno. Me parece increíble que se sigan manteniendo los mismos discursos para abordar el secuestro, las mismas fórmulas ya quemadas en vez de emprender una acción eficaz con posibilidades de éxito para poder garantizar la libertad, no sólo de Ingrid, sino de todos los secuestrados”.

{* title=Teoría llevada a la cátedra}
Teoría llevada a la cátedra
Para Saúl Franco, la inclinación por la docencia y la investigación le viene de la línea materna. “Mi madre era maestra de escuela y en el fondo yo también lo soy”, señala. Después de haber sido médico rural en el Hospital El Carmen de Viboral, en Antioquia (1975-1976) y de trabajar de planta en el Hospital Santa María, del municipio de Santa Bárbara (1976-1977), se vinculó a la Universidad de Antioquia como profesor del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública (1977-1981).

Afirma que desde entonces hasta hoy nunca ha dejado de dar un curso en pregrado. ¿Por qué? “Los estudiantes de ese ciclo de formación están estrenando el mundo y eso me obliga a estar vinculado a su contexto. Ellos son un polo a tierra que todo investigador debería tener, pues lo obligan a traducir la teoría a su lenguaje y a sus necesidades concretas. Espero estar en contacto con ellos hasta el día que me retire de la Academia”.

Desde hace 12 semestres imparte el curso de contexto Violencia, salud y paz en la Universidad Nacional de Colombia. Saúl Franco se vinculó a dicha institución desde 1993, como docente adscrito del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, Iepri, con el que mantuvo nexos hasta 2003. Como producto de esa relación, en 1999 se publicó el libro El quinto: no matar. Contextos explicativos de la violencia en Colombia.

Con posterioridad y alternando trabajos de consultoría para organizaciones nacionales y extranjeras, Franco hizo parte de la Facultad de Odontología y por su larga trayectoria y contribuciones fue nombrado coordinador del Doctorado Interfacultades en Salud Pública, cargo que ha ocupado desde 2003 hasta la fecha.

Investiga el tema de la violencia, se encuentra en uno de los países que más ha sido golpeado por ese flagelo y por su formación (médico) ha tenido que luchar directamente contra la enfermedad, pero no desfallece, pues “hay muchas evidencias de lo que podríamos llamar el triunfo de la vida sobre la muerte y de las luchas en curso para defender la paz y la vida en dignidad”.

Según este prestigioso intelectual, es posible dar algunos pasos positivos para enderezar lo que está al revés. “El primero: mantener siempre viva la capacidad de sorpresa y de reacción frente a cualquier injusticia y a cualquier imperialismo, no importa su color o su apariencia. El segundo: reafirmar que nuestro compromiso y nuestra militancia esencial es con la vida y es por la vida digna y amable para todos. Y el tercero: detectar y valorar los hechos positivos (grandes o pequeños) que cada día vemos del lado de la vida y de la paz, recuperarlos, apoyarlos, divulgarlos y multiplicarlos. Puede ser poco. Pero es algo posible y es en la dirección correcta”.

A eso precisamente se dedica el académico en el aula de clase, frente a la página en blanco cuando escribe sus libros, en el terreno de investigación y en su relación con otros académicos del resto de América Latina (Nicaragua, Argentina, Santo Domingo, República Dominicana, Venezuela, Honduras), pues es un convencido de que la paz no puede seguir siendo una utopía, especialmente para los colombianos.