Científicos colombianos en el área de Ciencias Sociales y Humanas

Carlos Mario Molina Betancur

Publicado el:: 27-06-2007

Una de las grandes frustraciones del abogado Carlos Mario Molina Betancur es no haber sido médico. Pero la vida le tenía preparado otro destino, el que lo llevó a estudiar dos especializaciones, una maestría, un doctorado y un posdoctorado, todo relacionado con el derecho, durante diez años en la Universidad de la Sorbona en Paris, Francia.

Carlos Mario Molina Betancur
Perfil elaborado en junio de 2007

Carlos Mario Molina está a las puertas de culminar su Posdoctorado en Sociología Jurídica, en la Escuela Práctica de Altos Estudios de París, Francia, pero antes de llegar a esta instancia pasó por grandes cosas en su vida, entre ellas la realización de su tesis doctoral titulada “El financiamiento de la libertad de enseñanza”, bajo la dirección del doctor Claude Goyard, la cual fue laureada y publicada en Francia bajo el nombre de: “La Loi Falloux : abrogation ou réforme ?”. Por este trabajo ganó el Premio de Mejor Tesis del año otorgado por el Senado francés, en junio de 2001y el Premio Corbay de la Academia Francesa como Mejor Libro del Año.

Tanta distinción no lo ha llevado a separar los pies de la tierra, según algunos compañeros de trabajo, Carlos Mario es un hombre sensato, de pensamiento abierto y con una estructura mental muy clara. Y es que desde sus inicios en la abogacía se describe como una persona autodidacta que siempre quiso saber más de lo que su maestros le ofrecieron.

“Cuando conocí a Beatriz Quintero y Carlos Naranjo, dos docentes en mi pregrado me enamoré aún más del Derecho. Sobre todo porque eran personas que tenían nuevas ideas y conceptos claros para el desempeño del abogado. Especialmente Carlos Naranjo, quien venía de hacer una maestría en Francia y traía en ese momento todo un proyecto de trabajo al estilo francés que, repito, me enamoró”.



Fue precisamente por influencia de este maestro que Carlos Mario buscó la forma de viajar a Francia para especializarse. Se preparó primero con una investigación que realizó por su cuenta sobre la Teoría del Acto Separable (teoría que, en la época, abogaba porque el último acto de una licitación fuera considerado, no como un acto contractual, sino como un acto individual), este tema se lo propuso Naranjo.

Le trabajó a la investigación durante mucho tiempo, después de no recibir apoyo de nadie y al cabo de dos años, casi para la época de su graduación como Abogado se realizó un evento en la Universidad de Medellín en el que iba a estar como invitado especial Carlos Betancurt Cuartas, consejero de Estado y quien hablaría sobre el tema. “Yo hablé con él le mostré mi tesis y le dije que se la iba a sustentar para demostrarle porque él no podía seguir con la misma teoría del acto separable porque se estaba contradiciendo y para mi satisfacción Betancurt Cuartas cambió la Jurisprudencia por mi investigación”, dice orgulloso.

{* title=Rumbo a Francia}
Rumbo a Francia
Este logro le dio a Carlos Mario más ánimos para viajar a Francia. Se fue apenas recibió su título como abogado, primero a estudiar francés, a conocer la cultura y el país. Luego de un año ingresó a la Universidad de la Sorbona a la Especialización en Derecho Administrativo porque quería profundizar un poco el tema de los actos separables y la contratación, los cuales le encantaban en la época.

Resultó que la vida le abrió más oportunidades y pudo quedarse por diez años en Francia. “Después de terminar esta especialización me di cuenta que el derecho administrativo me encantaba, pero vi que en Francia trabajaban mucho derecho administrativo con constitucional, entonces trabajé en la Biblioteca de la Universidad y guardé unos ahorritos para poder hacer la Especialización en Derecho Constitucional”, cuenta con gran satisfacción.

En el año 94 al terminar su segunda especialización pensó en regresar a Colombia. Pero su familia le dijo que en ese momento la crisis política en el país era bastante fuerte y que mejor se quedara. Entonces “me inscribí en la maestría en Derecho Público, con la buena suerte de que fui aceptado porque solo el director escoge a uno o dos extranjeros de los que hicieron las especializaciones para hacer la maestría con los franceses”, dice.

Durante su estudio para magíster sufrió las duras y las maduras. Explica que una cosa es hacer una especialización con muchos extranjeros pero otra muy distinta estudiar con los franceses, quienes según Carlos Mario, “tienen una disertación interna muy estructurada, con reglas que a ellos les enseñan desde primaria y que uno no tiene”.

“En la Sorbona el estudiante no pregunta, no se atreven porque el profesor es de mucho prestigio y la ritualidad es impresionante. Hay demasiada competencia entre los mismos estudiantes, no hay compañerismo, nadie se presta las notas, los trabajos, no hay sesiones de grupo, todo es individual”, expresa, y asegura que no exagera, pues a la altura de una maestría todos los que están allí luchan por ganar una de las diez becas que da la misma universidad para realizar el doctorado, “es algo por lo que la gente lucha”.

No estuvo dentro de los diez becados para estudiar el doctorado pero recibió una propuesta especial del director del mismo para que siguiera sus estudios máximos. Le ofreció un puesto de trabajo en la Biblioteca de la Sorbona para que pudiera sostenerse y hacer el doctorado, aunque con otra condición y era trabajar un tema de investigación que él le propusiera. Aceptó sin pensarlos dos veces y comenzó su etapa final.

“Yo quería trabajar sobre el Consejo de Estado porque en la maestría trabajé sobre ese tema pero él me dijo que no, que la idea era trabajar un tema sobre educación, especialmente un problema grave que había en Francia sobre el financiamiento de la educación y me pareció fácil, aunque después supe la intención que fuera yo quien investigara sobre ese caso”, comenta.

Siguió con el doctorado y para su sorpresa cuando empezó a investigar sobre el tema de su tesis de grado se dio cuenta del enfrentamiento ideológico tan fuerte que había entre el Estado francés y la iglesia por la educación. Muy pronto su trabajo llamó la atención de sus compañeros y la comunidad académica, por lo complicado que resultaba poner de acuerdo a las dos partes involucradas en el tema.

Terminó la tesis en el año 2000 y sintió que fue como una ‘cruz a cuestas’, como él mismo lo dice sonriendo, “esa tesis me sacó todas las canas que tengo ahora”. Cuenta que la responsabilidad era tan grande que estuvo a punto de abandonarlo todo en varias ocasiones, incluso su investigación terminó en la basura más de cinco veces.

“Mi familia fue un apoyo muy grande. Ellos fueron el ultimo año a darme un empujoncito y decirme que siguiera, que no me devolviera, que esto valía la pena y gracias a ellos pude terminar la tesis”, expresa, conciente que en ese momento solo quería regresar a Colombia y vivir nuevamente cerca de su familia, pero lo más curioso es que cuando tenía todo empacado y estaba listo para volver a su país, recibió una carta en su casa que le cambió el rumbo de las cosas.

{* title=Los frutos del trabajo}
Los frutos del trabajo
El Senado francés escogió su trabajo de grado de doctorado como una de las mejores tesis del año y le otorgó un premio de ocho mil dólares para la publicación. Situación que le dañó sus planes de viajar definitivamente a Colombia y radicarse en Medellín. “Mi regreso a Colombia era para dedicarse exclusivamente a la Universidad de Medellín, con quienes ya había hablado para trabajar en el Centro de Investigaciones”, pero el giro de sus planes fue radical porque sabía que no podía desperdiciar esa oportunidad y aunque vino a Colombia por unos meses, regresó a Francia para empezar la publicación de su libro.

El libro se tituló “La Loi Falloux : abrogation ou réforme?” y apenas salió al mercado fue todo un ‘boom’ en Francia. “Comenzaron a llamarme para dictar conferencias, dar entrevistas y empecé a viajar por varias parte de Europa. Ha sido una de mis grandes experiencias”, aclara.

Para el año 2001 su alegría fue mayor. La Academia de la Lengua Francesa escogió su libro como uno de los mejores y más vendidos del año. Desde ese mismo año fue llamado por la Universidad Paris 10 para dictar clases y por la Escuela de Altos Estudios de Paris, que tiene estudios posdoctorales, quienes le ofrecieron la publicación de la otra parte de sus tesis que, por la extensión, no se editó y para que realizara sus estudios posdoctorales.

Con todo estos logros, la Universidad del Rosario de Bogotá, también se interesó por trabajar con Carlos Mario, pero ellos querían vincularlo de tiempo completo en su centro de investigación. “Quedé en una encrucijada porque era serle fiel a mi universidad o irme a Bogotá a trabajar en una institución que me pagaba casi el doble. Concluí que me quedaba con mi casa, pero dando algunas clases en programas de maestría en el Rosario”.

Expresa que tiene grandes agradecimientos para el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín, Juan Carlos Vásquez y el rector de la misma institución, Néstor Hincapié, quienes han sido su gran apoyo moral y económico para poder cumplir con todos sus compromisos internacionales. “A ellos les debo gran parte de mi carrera internacional”, dice.

Está a punto de terminar su Posdoctorado en Sociología Jurídica y por sus compromisos, expresa que no sabe si vive en Medellín, en Bogotá, en Paris o en los aviones. Dice que su preparación le ha dado la capacidad para tener la estructura de las cosas en la cabeza, por eso y a parte de sus ocupaciones, le queda tiempo para ser el director ejecutivo de Acofade (Asociación Colombiana de Facultades de Derecho), la cual ayudó a gestar. También para leer incansablemente sobre actualidad, política y literatura; e ir a cine y cocinar un buen plato de comida francesa con sus amigos.