Científicos colombianos en el área de Ciencias Sociales y Humanas

Diana Bonnett Vélez

Publicado el:: 02-10-2004

Perteneciente a una generación de utopías, la historiadora Diana Bonnett Vélez es hoy en día una reconocida especialista en temas coloniales. Sus aproximaciones al pasado nos enfrentan con la actualidad del país. Está convencida de que el estudio de indicios y fuentes documentales es esencial para entender las dificultades que enfrentamos a la hora de pensar en intereses colectivos nacionales.

Diana Bonnett Vélez
Perfil elaborado en agosto de 2004

Cuando Diana Bonnett Vélez decidió estudiar Filosofía y Letras en la Universidad Javeriana de Bogotá, la Historia y la actualidad colombianas ya eran sus mayores pasiones. Corrían los años 70 y los ecos transformadores del movimiento estudiantil parisino de Mayo del 68 aún se sentían en el ámbito universitario mundial.
 
Era una época de cambios en las formas tradicionales de enseñanza, en especial para las ciencias sociales. Fue en este ambiente de renovación, libertad de pensamiento y nuevos ideales en el que Bonnett, quien lleva cuatro años en la dirección del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes, empezó a perfilarse como una reconocida intelectual e historiadora.

Recuerda que al principio había llegado a las aulas "con el impreciso conocimiento que se tiene al terminar el bachillerato de lo que es la Historia". A lo largo de su carrera, los conflictos y acontecimientos colombianos y latinoamericanos le abrían más interrogantes acerca de la complejidad social y cultural de nuestra región. Cada vez despertaba más su conciencia social, su insaciable curiosidad y el afán por conocer todas las circunstancias del pasado que configuran los conflictos del presente. De igual forma, la relación con su profesión maduraba y se hacía más entrañable.

Serían sus estudios de maestría y doctorado los que más le ayudarían a "desmitificar" la Historia y a elaborar la concepción que hoy en día tiene de su disciplina. Durante sus primeros años como estudiante creía que esta podía construirse de manera unívoca a partir de la lectura de las fuentes; ahora sabe que los procesos y dinámicas históricas no se pueden apreciar siempre de la misma manera sino que dependen de la percepción de cada investigador, de las temáticas que trate y de las metodologías que utilice.
Las obras de Orlando Fals Borda, Jaime Jaramillo Uribe, Germán Colmenares y Jorge Orlando Melo, entre otros autores, fueron fundamentales para emprender su trabajo investigativo en el que siempre imprime el espíritu de evolución y creatividad que marcó su generación.

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Territorio colonial

Explorar el pasado es uno de los mayores placeres de Bonnett. Por casi 30 años se ha especializado en indagar en los fenómenos y procesos sociales, culturales, demográficos y económicos de la época colonial. La idea de hacer de este periodo el centro de sus investigaciones se fortaleció durante el tiempo que realizó su maestría en Historia Andina en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Quito, Ecuador. Problemáticas como la vida social y agraria, las instituciones, la organización territorial, la propiedad y posesión de tierras en Colombia durante los siglos XVII y XVIII se convirtieron en algunos de los ejes específicos de su trabajo, sobre el que comenta lo siguiente:

"El problema de la tierra me interesó mucho porque creo que no se ha resuelto en el país y porque quizás acercándose a las raíces de la constitución de la propiedad en Colombia y los fenómenos del periodo colonial tardío -donde se recrudecieron las diferencias y las limitaciones para poder poseer la tierra-, se pueda entender mejor la problemática nacional, la de las comunidades indígenas, las incapacidades que hemos tenido y que tenemos los colombianos para entendernos como pares, como iguales. Todo eso tiene sus raíces en la división étnica y en las diferencias de condiciones sociales que son muy arraigadas".

En esta línea, su libro Tierra y comunidad: un problema irresuelto. El caso del altiplano cundiboyacense (virreinato de la Nueva Granada) 1750-1800, publicado por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia y la Universidad de los Andes, recibió el premio "Silvio Zavala" como mejor publicación de historia colonial de América 2002-2003, otorgado por el Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Este escrito fue el fruto de su doctorado en historia realizado en El Colegio de México.

De todas maneras, señala, este trabajo hace parte de un proceso al que todavía le faltan muchas más piezas. "Creo que un buen historiador debe ser también un buen geógrafo para entender el espacio y la ubicación y así describir dinámicas del pasado, como por ejemplo cómo el gobierno colonial procedía de acuerdo con la geografía del territorio. La relación con otras disciplinas de las ciencias sociales enriquece más nuestras investigaciones".

Bajo esta óptica, su libro brinda una visión de las justificaciones ideológicas que había detrás de la implantación de nuevos esquemas agrícolas en el altiplano cundiboyacense en la época del régimen borbónico.

Pero el periodo colonial no ha sido el único interés de Bonnett. Las relaciones diplomáticas de Colombia en la primera mitad del siglo XX son otra de sus preocupaciones académicas, pues su estudio revelaría importantes aspectos culturales y territoriales de nuestro país que nos ayudarían a aproximarnos a las situaciones del presente.

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Historiadores para la actualidad

Como directora del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes también ha percibido el cambio de su disciplina en cuanto a la profesionalización. "Cuando yo entré a estudiar fuimos apenas siete personas las que nos quisimos especializar en Historia, no eran estudios que convocaran a la población. Ahora hay más interesados y menos resistencia de los padres de familia a que sus hijos la estudien".
Esta situación ha permitido que la producción histórica en el país aumente y se multipliquen los enfoques para abordar diferentes temas. Bonnett opina que todavía estamos en mora de realizar estudios menos dependientes de las tendencias de las academias como la francesa y la estadounidense, más acordes con nuestra realidad concreta y fruto del talento de las nuevas generaciones de historiadores, con quienes confronta sus investigaciones y debate para generar nuevos cuestionamientos.

"Los que verdaderamente se entusiasman con la historia se convierten en muy buenos trabajadores que empiezan a construir sus propias teorías y elaboran de una manera muy distinta el proceso de la disciplina. Se necesita gente con mucho tesón, con disciplina y constancia porque el trabajo de archivo y de investigación es muy arduo y las limitaciones que se encuentran lo pueden hacer sucumbir a uno.
Se necesita mucha creatividad para saber por dónde hilar lo que dicen las fuentes y los documentos, pero al mismo tiempo se deben entender las diferencias entre lo narrativo literario y lo histórico. Eso es un gran debate porque, según algunas nuevas corrientes, todo es ficción. Desde luego lo que uno hace no es la verdad, es apenas una aproximación desde una perspectiva. La diferencia está en que uno se basa en fuentes e indicios".

Sin duda, además de su fascinación por el pasado y la visión para trazar relaciones con el presente, la docencia ha sido otra de sus mayores ocupaciones. Con sus escritos y el trabajo como maestra infunde en los estudiantes el valor de su profesión en el marco de las demás ciencias sociales, la necesidad constante de investigar y de preguntarnos por las razones de los acontecimientos que nos caracterizan como país. Les anima a ser realistas, pero también a pedir siempre lo imposible.