Científicos colombianos en el área de Ciencias Sociales y Humanas

Guillermo Páramo Rocha

Publicado el:: 16-12-2005

Humanista, investigador, maestro y directivo docente, Guillermo Páramo Rocha es reconocido en el mundo de la educación superior por su amplia visión del mundo. Su altruismo lo ha llevado a liderar procesos de reforma y mejoramiento de las universidades del país, en procura de un mejor mañana para las futuras generaciones.

Guillermo Páramo Rocha
Perfil elaborado en octubre de 2005

En las últimas décadas los académicos han insistido en las bondades de lo transdisciplinar, pues la convergencia de distintos enfoques en un mismo fenómeno garantiza "conocer" en todo el sentido de la palabra. Tal vez uno de los científicos sociales colombianos que mejor lo ha entendido es el sociólogo Guillermo Páramo Rocha, quien con sus estudios sobre la lógica en el mito indígena ha hecho importantes aportes tanto a la antropología como al empleo de las matemáticas en la ciencia social.

La erudición alcanzada por quien se aproximó desde muy niño a las ciencias naturales, a la historia, a la literatura, a la música y a las artes, lo ha llevado a convencerse de que "la vida intelectual es lo único que realmente libera a los individuos". De allí que desde la década del setenta haya hecho suya la defensa de la universidad, a la que considera un espacio de construcción de saberes locales, de diálogo con lo universal y de lucha por la dignidad del país.

Guillermo Páramo es un académico reconocido en el mundo universitario por su participación en iniciativas como la Comisión de concertación para la reforma de la Ley de Educación Superior (1991-1992), la Misión para la modernización de la universidad pública (1994), el Grupo interinstitucional para la preparación de las "Bases para una política de la Educación Superior" (2000-2001) y por haber asumido la rectoría de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad Central, instituciones pública y privada,
respectivamente.

Interesado en las lógicas modales y las no clásicas, en la filosofía del tiempo y el espacio, en la historia de la ciencia, la mitología clásica y la americana y en el mundo medieval, entre otros temas, el académico ha logrado acuñar una cuantiosa producción editorial, que, sumada a su labor docente, se ha traducido en galardones otorgados por la Universidad Nacional, la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun), y la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

{* title=Intelecto en formación}
Intelecto en formación

Los textos de William Shakespeare, Víctor Hugo y Fedor Dostoievski llegaron a las manos de Guillermo Páramo cuando era apenas un niño que terminaba la primaria. Todavía recuerda que dicho interés respondía, en gran medida, a que su abuela materna y su padre lo entusiasmaban frecuentemente por la literatura, la historia y las artes. Ello era alternado con sus cacerías de bichos en los humedales de Fontibón —a las afueras de Bogotá— y con la elaboración apasionada de ejercicios de matemáticas.

Ese fue el germen de una carrera académica que constantemente ha saltado de las ciencias naturales a las sociales y de las artes a los números, pues este hombre se niega a parcelar el conocimiento. "Tenemos en nuestra educación universitaria el vicio de limitar al estudiante dentro de una disciplina, sin darnos cuenta de que esas convenciones rituales, que se muestran como necesarias, reducen nuestra capacidad de ver".

En la década del 60, cuando llegó el momento decisivo de escoger su camino académico, Páramo siguió siendo coherente con sus gustos infantiles, de tal suerte que se inscribió en la Universidad Nacional en la carrera de sociología, pero también en la de biología. A la primera lo había llevado el periódico de izquierda Frente Unido, donde se ventilaban los postulados del cura Camilo Torres Restrepo; a la segunda lo había conducido su pasión por las colecciones entomológicas, de coleópteros especialmente.

Muchos años después, señala que las cátedras de sus maestros Darío Mesa, Eduardo Umaña Luna y Ernesto Guhl, fueron decisivas a la hora de marcar derroteros académicos. Con Umaña Luna aprendió a darle forma a una oratoria llena de textos y contextos; con Mesa, se adentró en las sutilezas de la teoría, mientras que en los trabajos de campo con Guhl entendió que lo sociológico es inseparable de lo natural. Tal vez su única frustración es la de no haber cursado la cátedra de Orlando Fals Borda, el padre de la Investigación Acción Participativa, pues no fue asignado a su grupo.

El paso del tiempo y su acercamiento cada vez más fuerte a lo social, llevó a Guillermo Páramo a definirse finalmente por las humanidades, lo que implicó que sus preocupaciones iniciales por la matemática se vieran "parcialmente mutiladas". No obstante, al final del pregrado regresó a los números a través de la estadística y por ese camino se encontró con la lógica, que sería definitiva para estructurar las teorías que lo consolidarían como un especialista del mito años después.

{* title=Diálogo de saberes}
Diálogo de saberes

La mayor parte de su vida intelectual el profesor Páramo se ha ocupado de cuestiones de orden antropológico, pero desde marcos teóricos propios de las matemáticas. Su propuesta se inclina a explicar los mitos indígenas como producciones derivadas de una lógica específica de pensamiento, "que a los occidentales suele parecerles contraria al sentido común y por ello la han dejado prácticamente inexplorada". En su opinión, el mito requiere ser abordado con lógicas no clásicas como la paraconsistente, que sean tolerantes a la contradicción.

Sus planteamientos han sido muy bien recibidos en la comunidad académica y dialogan con las tendencias mundiales de la antropología simbólica, en la cual se inscriben. Ese interés por mantenerse dentro de la discusión de su campo de estudio lo llevó al Programa en Ciencias Sociales de la Universidad de Chicago en 1980. Allí entró en contacto con profesores como Mircea Eliade, Leonard Linsky, Howard Stein y Valerio Valeri, con quienes profundizó en la historia de la religión y rituales de enterramiento, la lógica, la filosofía del espacio y el tiempo, y el mito en las culturas melanésicas y polinésicas.

Siete años después, se daría el contacto con académicos internacionales en el Departamento de Antropología de la Escuela Londinense de Ciencias Económicas y Políticas, con la asesoría de Alfred Gell, especialista en etnología melanésica. Su trabajo en Inglaterra consistió en explorar el parentesco del rito del Yurupari, propio de los Tucano colombianos, con el Tambaram, de la cultura melanesia.

"Hay familias de ritos que son transculturales y que responden a una misma forma gramatical. Éstos tienen características como la iniciación en una sociedad secreta, distinciones entre hombres y mujeres y objetos tabú para cada sexo. Lo que encontré es que ritos idénticos se pueden hallar en otro grupo cultural remoto, pero no necesariamente vecino". Dicho hallazgo parecía quebrar los postulados del difusionismo o la teoría de la migración, que para Páramo es simplemente una necesidad mítica occidental de entender la hermandad entre mitos.

Curiosamente, aquello que Páramo ha encontrado sobre el mito en la evidencia empírica que le ofrece la antropología, también puede ser aplicado al discurso científico, un tema que apasiona profundamente a este intelectual. Según el académico, los planteamientos de los científicos se caracterizan por la contradicción, al igual que el mito indígena: "hacen disertaciones sobre la monogénesis y las líneas ancestrales, pero al mismo tiempo creen que existe vida en otros planetas". En sus palabras, tanto los aborígenes como los científicos siempre tienen un mito de reserva para explicar lo inexplicable.

{* title=Visión superior}
Visión superior

Aunque los aportes de este sociólogo a la antropología simbólica son numerosos y profundos, Guillermo Páramo no sólo es sinónimo de estudios sobre el mito. Su labor como docente y el vertiginoso ascenso desde la Dirección del Departamento de Antropología de la Universidad Nacional hasta la Rectoría de la misma institución, lo convirtieron en uno de los grandes de la educación superior en Colombia.

Profesores como el antropólogo Augusto Gómez López destacan el sentido de pertenencia con la academia y con el país que ha caracterizado a Páramo. En su opinión, el principal legado del sociólogo fue la creación de las sedes de frontera de la Universidad Nacional (Leticia, Arauca y San Andrés), que le han permitido a docentes y estudiantes investigar sobre territorios desconocidos, hacer presencia estatal y apropiarse de problemáticas tan complejas como el conflicto armado.

"Si uno no asume los problemas del país, entonces ¿por qué se proclama nacional?", era el interrogante de Páramo antes de llegar a la rectoría de la universidad pública más grande del país. "Esa presencia en los territorios de frontera era necesaria, pues ahí estaba toda nuestra gente olvidada, la biodiversidad del país, parte de la geografía. Ahí estaba un mundo por descubrir y si la Universidad Nacional no lo exploraba, algún día el país se nos iba a achicar, pues no habríamos sido capaces de conocerlo", comenta.

Desde septiembre de 2003, Guillermo Páramo dio un giro radical a su carrera docente. Luego de un retorno a la cátedra durante seis años, volvió a un cargo directivo, pero esta vez en una institución de carácter privado: la Universidad Central. A ese proyecto lo une el deseo de brindarle la oportunidad de formarse a estudiantes de escasos recursos económicos, y su proyecto ha sido conseguir el mejor nivel académico para una población estudiantil a la que le atribuye el valor agregado de tener una vasta experiencia de vida.

Su trayectoria ha estado marcada por la "acción académica" y la "acción institucional", siempre en procura de "una mejor universidad que le ofrezca al país sabios que piensen y creen en función de sus necesidades". De allí su presencia constante en comisiones de intelectuales y en organismos gubernamentales que velan por el mejoramiento de la educación superior del país.

Actualmente Guillermo Páramo alterna su trabajo directivo en la Universidad Central con una cátedra en la Universidad Nacional sobre la sacralización del creador intelectual y la profanación de ese mito, pues su interés por la antropología simbólica no se agota. Su próxima producción será sobre la mitología que difunde la televisión y cómo se presenta el problema de la vida en ese medio de comunicación.

Dicha investigación seguirá teniendo el componente transdisciplinar que tanto recalca a sus pupilos, pues es un convencido de que el verdadero profesional debe desbordar su disciplina. Lo señala porque su historia de vida demuestra que sólo aquellos que ven más allá tienen asegurado el camino al conocimiento.