Científicos en el área de Ciencias Sociales y Humanas

María Emma Wills

Publicado el:: 07-06-2007

Estudió Ciencia Política en la Universidad de los Andes en 1979 y hoy es la actual Directora de Departamento del mismo programa que la acogió hace 28 años. La vida de María Emma Wills ha estado marcada por los viajes, esos mismos que le brindaron muchas oportunidades.

María Emma Wills
Perfil elaborado en mayo de 2007

Lo primero que hace cuando empieza a hablar de sus temas predilectos es remitirse a su generación. “Mi trayectoria tiene que ver con mi generación. Cuando entré a estudiar Ciencia Política en la Universidad de los Andes, los estudiantes le apostaban al país y se enfrentaban a las injusticias. Había como un vínculo emocional con lo que le estaba pasando al país y eso que mi institución, por ser privada, no era de grandes manifestaciones. En ese momento yo estaba allí, un poco ingenua y sin entender esas discusiones tan polarizadas y políticas”.

Precisamente fue en esa generación que conoció al profesor Francisco Leal, uno de los investigadores que ella considera sus maestros. “Tuve la fortuna de tener muy buenos profesores. Sin demeritar a ninguno. Francisco Leal era el docente modelo, aunque un poco estricto, pero extraordinario. Me dictaba Política Colombiana y fue por él que me interesé en la historia colombiana, entre otras cosas porque tenía que redactar y articular ensayos de alta calidad”.

Esa experiencia le sirvió para toda la vida. Ahora lee mucho sobre historia y también le encanta la teoría y a ambas las articula constantemente. Su vida está en los libros, la literatura, la antropología, la educación, cocinar (aunque no lo haga muy bien), su hija Camila y su familia, de la que alguna vez se distanció por seguir sus convicciones, un tanto radicales para su medio, pero con la que hoy tiene excelentes relaciones.

Empieza la travesía
Como ella misma lo dice tuvo la fortuna de nacer en una familia pudiente. Esta circunstancia le abrió las puertas a muchas oportunidades de viajes y estudios. Realizó los años escolares en la ciudad de Londres, Inglaterra, pero su amor por el país que la vio nacer la hizo regresar para cursar su pregrado. Apenas se graduó como Politóloga su familia quiso que saliera nuevamente del país para hacer un postgrado, pero no precisamente porque estuvieran pensando en su futuro.



“Me gradué en el año 83 y justo en esa época yo transito por una serie de distanciamientos con mi familia. Primero porque me fui de la casa con tan solo 23 o 24 años, segundo porque empecé a vivir con mi pareja y para ellos, en esa época, era inconcebible que una mujer tomara esa decisión, y tercero porque sentían que yo estaba totalmente involucrada en el movimiento revolucionario estudiantil de la época. Pensaron que la mejor alternativa era sacarme del país para que me despejará y organizara mi vida”, comenta, con tono de sarcasmo.

María Emma decidió viajar a Londres y complacerlos, esta vez a realizar un postgrado y no porque ese fuera su proyecto de vida, sino porque su familia se lo pidió.

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Descubriendo el país
Regresó al país y se vinculó inmediatamente con el CINEP (Centro de Investigación y Educación Popular). Inició su trabajo como investigadora en un estudio sobre el Congreso de la Republica y vivió un momento supremamente interesante, el del Diálogo Nacional del propuesto por Belisario Betancourt como estrategia de paz entre guerrillas y partidos tradicionales. La apuesta consistía en impulsar reformas económicas, políticas y sociales como antídoto de la violencia.

Durante su trabajo viajó por todas las regiones del país, especialmente por las más vulnerables. Su papel era el de dar a conocer las reformas democratizantes que se estaban dando en ese momento en el país y cómo se ‘suponía’ iban a derrotar la violencia política. “Realizaba talleres de educación política para que la gente se enterará de que en Colombia había elecciones populares de alcaldes, juntas administradoras locales, participación en las juntas de las empresas públicas. Era toda una cartilla para gente del común, para que se involucraran en las elecciones, se involucraran en las políticas pero con herramientas. Fue un trabajo duro pero que me satisfizo mucho”, expresa.

María Emma sintió que su experiencia en regiones como Barrancabermeja y Córdoba fueron un total aprendizaje. “Pude conocer a mí país desde lo regional. Fue una oportunidad para ver como viven los sectores populares y salirme del pequeño lugar que me correspondió como nacimiento. Descubrí, entre muchas cosas, el sindicalismo obrero, el machismo obrero, la pobreza, la manipulaciones de la política y el tema de los clanes familiares”, explica, repitiendo que esta experiencia fue un total aprendizaje.

Pero la dicha no le duró mucho. A raíz de sus viajes regionales, ‘totalmente ingenuos’, dice, recibió una serie de amenazas que la hicieron tomar la decisión de volver a viajar. Quiso irse a estudiar nuevamente, esta vez por voluntad propia, tener un hijo y empezar otra etapa de su vida. Efectivamente nada la detuvo. Se fue a Canadá a estudiar una maestría en Ciencia Política en la Universidad de Montreal.

El momento de los cambios
“Tuve a mi hija en Canadá. Ha sido la mejor experiencia de mi vida. Después de su nacimiento sentí que cumplí con el ciclo de limpiarme por dentro, tanto del país como en mi vida personal”, asegura enérgicamente.

Regresó nuevamente a Colombia a dictar clases en la Universidad de los Andes. Cuenta que no se imagina viviendo en otro país. “Nunca he sentido que lo que hago en otros países tiene el mismo sentido que lo que hago acá”. Dice es una cuestión de significado, para ella no es lo mismo dictar clases en otro país que dictar clase en su país.

Pero nuevamente un viaje se interpuso en su camino. Su vida emocional se desestabilizó por su separación. “Me dolió muchísimo esa ruptura. Necesitaba un viaje para cerrar ese ciclo de dolor y recuperarme. Me propuse conseguir una beca porque sabía que podía competir por ella. Para mí fortuna obtuve dos”, asegura sonriendo, y afirma que nació como ‘parada’ y que la vida se ha portado bien con ella.

“Quise hacer un doctorado porque me gusta dictar clase y porque descubrí que mi lugar está en la educación y no en otra parte. Decidí viajar a Austin, Texas, Estados Unidos, para realizar un doctorado en Gobierno”. María Emma escogió esta ciudad porque necesitaba un lugar tranquilo para estudiar, estar con su hija de tan solo cuatro años y cumplir las metas que se había propuesto.

Su vida, durante los tres años del doctorado, fue un ‘corre corre’ total. Estudiaba en las mañanas en el ILAS, Institute for Latin American Studies, salía en su bicicleta para almorzar con su hija, que empezó clases en una escuela pública, luego la dejaba en casa al cuidado de una niñera colombiana mientras ella continuaba con sus estudios e investigaciones. “Mis recuerdos de esos años son buenas vivencias y momentos gratos, pero también recuerdo que vivía corriendo todo el tiempo, porque combinaba muchas facetas: la de mamá, ama de casa, estudiante y profesional”, afirma.

Hace unas semanas, mi hija Camila que ya tiene 14 años estaba viendo las fotografías de Austin y pensé que me reclamaría por haberla sometido esa vida tan agitada, pero al contrario me dijo: “Mamá tengo los mejores recuerdos de esa época”, y sentí ese alivio de mamá de haberle dado a mi hija esa oportunidad de vivir esos años fuera de casa y todo lo que pude en ese momento.

{* title=Las investigaciones de género}
Las investigaciones de género

Regresó de nuevo a Colombia y se presentó a una convocatoria para trabajar en el IEPRI, (Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales), de la Universidad Nacional, en donde estuvo por espacio de siete años. Allí perteneció a varios grupos de investigación y poco a poco se fue centrando en temas como ciudadanía, democracia, género y mujeres.

“El tema de mujeres es en el que más me he insertado. He realizado talleres con movimientos de mujeres y he tratado de publicar sobre mujeres, en libros y revistas que no sean solo de mujeres para tratar de transgredir esa frontera de que si uno habla de género solo es en ciertas revistas”.

Aclara que para ella el tema ‘género - mujer’ todavía no ha logrado el respeto que se merece en la comunidad académica. “Hay pocos colegas hombres que manejan la literatura de género. Entonces de alguna manera si ha habido un machismo implícito que es bastante aburridor, pero uno siempre debe persistir en esas cosas, no?”.

No esconde que es una total feminista, que cree en las luchas de las mujeres porque proponen agendas distintas, amplían la democracia y porque todavía no han conquistado lo que deben conquistar.

“A mí me aterra escuchar las noticias donde se muestran los indicadores que dicen que en género hemos mejorado. Seguramente sea cierto en muchos aspectos, pero a la vez ese tipo de feminidad que se quiere promover desde las instituciones o los medios de comunicación se refleja en los indicadores de bulimia y anorexia, en la cantidad de cirugías plásticas para concordar con un modelo estético que las mismas mujeres no han definido”, expone Maria Emma, convencida de seguir publicando artículos que mejoren la igualdad entre los hombres y las mujeres y apoyando sin ninguna duda estas causas.

Hoy a sus 48 años, sus días transcurren entre la Universidad y sus estudiantes, la lectura, sus amigos entrañables, su familia y las competencias de equitación de Camila, su hija con quien comparte la mayor parte del tiempo. Cree que no viajará más por alejarse de situaciones o cambiar aspectos de su vida, al contrario, si lo hiciera es porque de verdad lo desea.