Científicos en el área de Ingeniería, Arquitectura, Urbanismo y afines

Eduardo Sánchez

Publicado el:: 10-12-2007

De Zarzal, Valle del Cauca, a Lausana, Suiza, el ingeniero eléctrico Eduardo Sánchez, es hoy una autoridad mundial en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación. Decano en Suiza y coordinador del proyecto de la Unión Europea, no ha permitido que la distancia lo aleje de Colombia.

Eduardo Sánchez
Perfil elaborado en Diciembre de 2007

Si el reloj que lleva puesto es digital, detrás de toda esa tecnología está un vallecaucano, Eduardo Sánchez, quien lleva más de 30 años viviendo en el país de los relojes: Suiza.

Llegó a Lausana en 1976, recién egresado de ingeniería eléctrica de la Universidad del Valle, para continuar sus estudios, focalizándolos en sistemas digitales. Becado, ingresó a la Escuela Politécnica Federal de Lausana, EPFL, donde estaría un año. Se unió pronto a un grupo de investigación dirigido por el profesor Daniel Mange, director del Laboratorio de Sistemas Digitales, quien lo contrató como asistente-doctorante a partir del segundo año, para realizar investigaciones en el área de sistemas computacionales. En esas condiciones, renunció a la beca que le había sido prolongada por un año más, y pensando que volvería pronto a Colombia, fue echando raíces en este pequeño país europeo.

Fue por esa época que participó en el grupo que diseñó el primer procesador destinado a un reloj digital suizo, como consta en el libro sobre la historia del reloj digital, "L'aventure de la montre à quartz" de Max Forrer, René Le Coultre, André Beyner y Henri Oguey. Ya desde finales de los sesenta el director de cine Stanley Kubrick, había plasmado el concepto en su famosa película 2001: odisea del espacio: con sólo oprimir un botón, la pantalla desplegaba la hora.

“Luego de ser lideres en la producción de relojes, los suizos se habían dejado quitar el liderazgo por los japoneses, en gran parte por no haber creído en lo digital y seguir produciendo apenas relojes analógicos. Este grupo participó en el despertar de la industria suiza, consolidado luego por el grupo Swatch”, recuerda Sánchez.

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Destino: Suiza
Nacido en la región azucarera de Zarzal, Valle, a los 9 años sus padres lo enviaron a donde unas tías que vivían en Cali, para que continuara sus estudios secundarios. Hijo de maestra de escuela, había aprendido a leer y a escribir casi desde la cuna, lo que le permitió hacer una rápida carrera académica: se graduó a los 15 años.

Lo que en realidad quería hacer Sánchez era estudiar filosofía o dedicarse al voleibol. Por más disímiles que parezcan, eran dos de sus pasiones, y dos posibilidades hacia el futuro. Pero reconoce que también era muy bueno para las matemáticas, le gustaba la electricidad y lo más cercano a lograr desempeñarse en estas tres actividades era la Universidad del Valle.

Así que se matriculó a la carrera de ingeniería eléctrica en la gran universidad pública del departamento del Valle, y entre paros y huelgas, - eran comienzos de la década del setenta-, logró terminar sus estudios universitarios, pasando gran parte de su tiempo al frente del gran computador de la universidad, asistiendo a conferencias sobre filosofía o jugando voleibol.

“También participaba en todas las manifestaciones y discusiones de política que pasaran por mi lado, así como escuchando rock o asistiendo al cineclub de Andres Caicedo”, confiesa. Era hippie, peludo, vestía camisas floridas de gran cuello y pantalones con bota campana. Sus compañeros lo recuerdan como el mejor estudiante de la facultad, aunque Sánchez no está muy seguro que se acuerden de su nombre. “Todos me llamaban Trapito o Trapo, a causa de un personaje hippie de la tira cómica Educando a papá”.

De la universidad recuerda con especial afecto a su profesor Jaime Gru, quien dictaba la cátedra de sistemas digitales, quien en tercer año de carrera lo introdujo en el conocimiento del hardware de los computadores, y desde entonces quedó matriculado en esta disciplina de la ciencia.

“He tenido mucha suerte con la informática”, dice Sánchez, pues tuvo la posibilidad de pasar largas noches perforando tarjetas en el computador central de la Univalle, identificado con el número 1130, no se le olvida este número, pero también porque al llegar a Suiza, llegaba al mismo tiempo el primer microcomputador que había que instalar en la facultad y fue Sánchez el encargado de hacerlo. “Tanto en Colombia como acá”, dice en entrevista realizada por Skype para Universia, “viví épocas pioneras de la informática”.

En Suiza participó además en la creación de la facultad y el departamento de informática y sistemas de la EPFL, creó el curso de arquitectura de computadores, y cada vez especializando más su campo de acción, empezó a desarrollar el concepto de los sistemas de computación reconfigurables y los sistemas bio-inspirados.

{* title=El genóma del computador}
El genóma del computador
Desde 1985, cuando unos dispositivos llamados FPGA (Field Programmable Gate Array) revolucionaron la informática, Sánchez se dedicó de lleno a desarrollar sistemas y circuitos computacionales, con base en los sistemas complejos que rigen la existencia de los seres vivos, conjugando tres de sus intereses principales: la tecnología, las ciencias de la vida y la filosofía.

“Los FPGA son circuitos inicialmente vírgenes de toda funcionalidad; un utilizador puede configurarlos a voluntad, introduciendo una cadena de bits que define la función de cada una de las células en que se descompone la FPGA, así como las interconexiones entre ellas” explica.

Así se inicia su aporte al desarrollo de los sistemas bio-inspirados. Con sus colegas de la EPFL hacen una analogía entre esa cadena de bits y el genoma de los seres vivos, así como en el carácter celular de ambos conceptos.

“Los métodos ontogenéticos (de desarrollo), empleados para desarrollar un circuito auto reparable, necesitan poder modificar la funcionalidad del circuito sin interrumpir su funcionamiento”, escribió en uno de sus artículos científicos, el titulado Un Sistema de Enrutamiento Dinámico para un Circuito Reconfigurable Bio-Inspirado. “Los mecanismos epigenéticos (de aprendizaje), que utilizan generalmente redes neuronales, podrían necesitar igualmente la creación de nuevas neuronas, así como de nuevas conexiones entre neuronas, sin interrumpir la funcionalidad del circuito. Como los circuitos FPGA comerciales no permiten la autoconfiguración dinámica, un nuevo circuito con estas potencialidades es esencial”.

La idea es que así como las células del organismo de los seres vivos se auto reparan, aprenden, evolucionan, y se desarrollan, en la informática se podría hablar de ‘sistemas celulares’, que se auto reparan tomando información de una célula vecina, o tienen la característica del aprendizaje, en fin, pueden adquirir funciones análogas a las que se presentan en los seres vivos.

Esos son los sistemas bio-inspirados y ese es el campo de investigación en el que aún hoy trabaja de día y de noche, porque “la noche es la mejor parte del día”, según él. Es un campo en el que además cuenta con dos patentes en diseño de circuitos electrónicos.

Distribuye su tiempo además en funciones administrativas, como decano de la facultad de telecomunicaciones de la Alta Escuela de Ingenieria y de Gestión del Cantón de Vaud (HEIG-VD), en Yverdon, Suiza, donde también dirige trabajos de investigación en las áreas de los sistemas reconfigurables y de los sistemas bio-inspirados. Y es profesor de sistemas digitales y arquitectura de computadores en la EPFL. En marzo 31 de este año los estudiantes lo eligieron como el mejor profesor de ciencias computacionales y de comunicación, galardón que le fue entregado durante la ceremonia de graduación de la Universidad.

{* title=La ubicuidad de la computación}
La ubicuidad de la computación
Le queda tiempo para actuar como coordinador del proyecto Perplexus, de la Unión Europea, un nuevo concepto de la informática, que trabaja con los ‘ubidulos’, módulos computacionales ubicuos.

“La informática empezó con computadores gigantes. Luego vinieron los computadores personales. Y ahora estamos en la era de la ubicuidad en la computación”, explica.

Y es que el computador podría desaparecer como instrumento, pero sus funciones se podrán encontrar en muchos objetos, desde los celulares, hasta en los zapatos tenis de los deportistas. Sánchez se refiere ahora a los sistemas integrados o ‘embebidos’, que pueden controlarse desde la distancia, sin la intervención humana.

El proyecto Perplexus desarrolla una plataforma de hardware a escala, que incluye dispositivos reconfigurables con cualidades bio-inspiradas, los cuales permiten la simulación de sistemas complejos a gran escala y el estudio de comportamientos complejos emergentes en una red inalámbrica virtual, sin límites, compuesta de módulos de computación ubicuos.

Estos ‘ubidulos’ servirán para hacer redes en campos que van desde modelos neuronales hasta modelos de diseminación de cultura, entre otras aplicaciones, gracias a su naturaleza bio-inspirada, a su capacidad de interacción con la naturaleza y a su dinámica topología. En el caso de la cultura, “la idea”, explica, “es trabajar con sociólogos y filósofos, para ensayar la simulación de cómo una idea o un hecho cultural se impone sobre otra, en una sociedad”.

Esta nueva tendencia en la informática lo ha llevado a pensar permanentemente en el futuro de esta tecnología, en los desarrollos en las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC, y en la posibilidad de que desaparezca el computador en un próximo futuro.

{* title=Células que lo conectan con Colombia}
Células que lo conectan con Colombia
A pesar de las tres décadas que lleva viviendo en Suiza, Eduardo Sánchez no ha perdido contacto con Colombia. “Cada director de Colciencias ha pasado por mi oficina”, cuenta, y de esas conversaciones siempre surgen nuevos lazos que no le permiten olvidar a su patria, ni dejar de apoyar el desarrollo del conocimiento para un mejor país.

Por citar sólo algunos casos, de los más recientes, fue Sánchez quien dirigió el nodo suizo de la Red Caldas, proyecto de Colciencias para unir a los científicos colombianos residentes en el exterior y aprovechar sus conocimientos a través de redes, participación en reuniones y eventos, conformación de grupos binacionales de investigación, apoyo a futuros becarios para hacer sus postgrados fuera del país. “Yo fui el fundador del nodo suizo de la Red Caldas que era de los tres nodos más activos en su momento”.

Tiene proyectos de cooperación con la Univalle desde hace más de 20 años. Forma parte de la Red Colombiana de Inteligencia Computacional, REDCIC, que impulsa, propone y realiza proyectos de investigación y desarrollo en inteligencia computacional y sistemas bio-inspirados.

Lidera, conjuntamente con otro colega suyo caleño Andrés Perez Uribe, el proyecto de investigación COCH en agricultura de precisión, financiado por los gobiernos suizo y colombiano, gracias al cual ya están por finalizar sus estudios de postgrado tres becarios nacionales quienes trabajan bajo su tutoría. La contraparte colombiana es la Corporación Biotec, un centro de desarrollo tecnológico e innovación promovido por la Universidad del Valle, que trabaja en biotecnología aplicada al sector bioindustrial y a la comunidad. Lo dirige una hermana suya, la arquitecta Myriam Sánchez, en Palmira, Valle.

“El propósito es desarrollar una serie de herramientas informáticas que modelicen los cultivos de guanábana, lulo y mora, para predecir y describir el comportamiento de estos cultivos y ayudar así a aumentar la productividad”, explicó Sánchez en entrevista para la revista Semana hace un año.

El Ministerio de Comunicaciones ha buscado su asesoría últimamente en el proceso para implementar el nuevo plan de desarrollo de TIC en el país, de tal manera que todos los colombianos puedan beneficiarse de ellas.

Siempre que puede, Sánchez está dispuesto a viajar al país, participar en proyectos, dictar conferencias, entregar su experiencia para el avance de la ciencia y la tecnología nacionales. Cuando está en Suiza, además de todas las actividades que realiza, nunca deja de pasar tiempo con su esposa y sus dos hijas, de 25 y 22 años, y ahora, que está estrenando esa nueva condición del ser humano, el ser abuelo, tiene más ocupaciones que lo satisfacen y lo llenan de alegría.