Científicos colombianos en el área de Matemáticas y Ciencias Naturales

Dolly Montoya

Publicado el:: 29-04-2005

Para Dolly Montoya, fundadora del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia y directora del Grupo de Bioprocesos y Bioprospección de esa institución, la prioridad siempre ha sido traducir el conocimiento científico en desarrollos tecnológicos útiles para los colombianos. Uno de sus mayores méritos es haber tendido puentes entre la academia y la empresa privada en el cumplimiento de ese objetivo.

Dolly Montoya
Perfil elaborado en marzo de 2005

Los países que entendieron que el conocimiento redunda en beneficios económicos, hoy están en la cúspide de la pirámide del desarrollo industrial. Ante esa evidencia, Dolly Montoya trabaja desde hace 20 años para demostrarle a los gobernantes colombianos que si la investigación básica es apoyada en el país, se pueden obtener productos nacionales que reduzcan costos frente a problemas agrícolas como el control de las plagas vegetales.

Su centro de operaciones ha sido, desde los años ochenta, el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia (Ibun), que fundó con otros colegas para construir e impulsar escuelas de pensamiento en diferentes áreas científicas y que dirigió hasta el año 2004. Desde él ha explorado la biodiversidad del país para producir microorganismos como el Clostridium, que hoy se emplea para eliminar los residuos de las plantas extractoras de aceite de palma.

La filosofía que mueve a Dolly Montoya es tan sencilla como altruista. En su opinión, el trabajo que realiza un docente en el laboratorio para saber más sobre un tema constituye un conocimiento tácito y objeto de poder, en tanto le pertenece sólo a él. Pero cuando éste es puesto al servicio de un grupo de investigación para compartirse y transformarse, se convierte en un conocimiento explícito, más aún si llega directamente a la comunidad. Su lucha ha sido, pues, dejar atrás el conocimiento como un objeto de poder individual para movilizarlo hacia la sociedad para generar riqueza y bienestar.

Algunas manifestaciones de esa mentalidad se expresan, entre otras, en las líneas de investigación interdisciplinarias del Ibun, creadas para la producción de biofertilizantes, biocontroladores de plagas, biopolímeros (plásticos) y descontaminantes, además de iniciativas en formación básica y media, bioinformática y bionegocios; en éstas participan químicos, farmacéuticos, biólogos, ingenieros, microbiólogos, administradores y educadores de la Universidad Nacional, academias internacionales y el sector privado.

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De la industria al laboratorio
Dolly Montoya se enamoró de la química desde el momento en que entró en contacto con ella. Desde los días en que estudiaba en el Gimnasio Pereira, donde era conocida como "la de la bata blanca que ayuda a hacer los experimentos", entendió que su vida estaría ligada a la ciencia y —como ella misma dice— podría "ser y conocer".

Esta temprana pasión la llevó a inscribirse en la Carrera de Farmacia de la Universidad Nacional de Colombia, disciplina que años después la situaría en la industria. "En la empresa privada me iba muy bien, era directora técnica y jefe de planta, pero vi que las rutinas empresariales no eran lo mío y me incliné por la investigación".

Una maestría en Biotecnología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la que recibió la medalla "Gabino Barreda", otorgada a los estudiantes con más alto promedio en cada promoción, y un doctorado en ciencias en Munich (Alemania), con énfasis en caracterización molecular, le dieron la experiencia y el conocimiento que hoy la posicionan como una autoridad en biotecnología.

Su tesis doctoral recibió la mención magna cum laude por la alta calidad de la caracterización molecular, taxonomía y el análisis de un conjunto de microorganismos extraídos de ecosistemas colombianos que tienen la capacidad de degradar polímeros de celulosa.

Gracias a su perfil profesional y carisma, recorrió la nación entera con sus compañeros en los años noventa "vendiendo la idea de hacer biotecnología", cuando apenas se conocía esta rama en Colombia. La actividad prolífica de cientos de conferencias y reuniones al año por las universidades y centros científicos se tradujo en la creación de la Corporación para el Desarrollo Industrial de la Biotecnología (Corpodib), reconocida como la más exitosa de 34 organizaciones de su género a nivel nacional.

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Raíces profundas
La profe Dolly —como la llaman cariñosamente sus estudiantes— obtuvo con la ingeniera Nubia Moreno el primer puesto en bioprocesos durante el II Congreso Colombiano de Biotecnología (2004), por sus trabajos en bioprospección para producción de biopolímeros. A su vez fue acreedora, con dicha coequipera, del VIII Premio Nacional de Ingeniería Química por el desarrollo tecnológico para la producción de cuatro biofertilizantes que cuentan ya con permisos y registros de venta. Lo que más la llena de orgullo es haber recibido los galardones con sus compañeros del Ibun.

Un hecho que no es gratuito, si se tiene en cuenta que a pesar de los múltiples esfuerzos que las universidades realizan en esta materia. Como ella indica, "el grupo de la Nacional es el que cuenta con el mayor número de investigadores en biotecnología, fue el primero latinoamericano en formarse en el instituto del profesor Walter Stuadembauer de la Universidad de Munich (Alemania) y ha sido el comienzo de muchos de los líderes de grupo de las otras universidades del país". Ello obedece a la idea de la profesora Montoya de que si no se hace "escuela", el conocimiento no se consolida.

A pesar de haberse retirado de la dirección del Instituto de Biotecnología, sigue invirtiendo casi todo su tiempo en la Universidad Nacional. Los recursos económicos, la acreditación ante Colciencias, los resultados y las publicaciones para divulgar el conocimiento, son su tarea diaria.

Sin embargo, de vez en cuando, logra robarle unas horas a sus sueños científicos para leerse un buen libro de Vargas Llosa o de Isabel Allende al ritmo del jazz, pues cuenta con una enorme colección de discos producidos en diversas partes del mundo, de los que destaca varias curiosidades rusas y japonesas. Sus dos nietos también son un buen motivo para dejar el trabajo de lado por un rato.

Para ella, el desarrollo de un país es como un árbol cuyas raíces están en la investigación básica. "Si las raíces son muy grandes y absorben muchos nutrientes, el árbol crece y al final da buenos frutos; pero si son superficiales, cualquier día se cae. Si no tienes la parte básica bien soportada, jamás podrás tener buena tecnología y productos en el mercado".

Por eso considera inconcebible que el Gobierno haga tantos recortes en investigación. A ello agrega que no existe una concepción clara de que la ciencia está sustentada en procesos a largo plazo. "La gente quiere poner la plata en los cinco que faltan para el peso, pero nadie quiere invertir en las raíces del árbol".

Eso es precisamente lo que intenta cambiar poco a poco y que ejemplifica desde el Ibun y sus estrechas relaciones con empresas privadas como Procaps, Mavalle, Biocultivos o Colinagro, con instituciones públicas como Colciencias, el SENA y varios ministerios; así como con organismos internacionales tales como la Fundación Volkswagen, la Comunidad Económica Europea y la Organización de las Naciones Unidas. Con estos aportes Dolly Montoya demuestra que en Colombia la ciencia, más que una quimera, puede cambiar la realidad.