Científicos colombianos en el área de Matemáticas y Ciencias Naturales

Sven Zea Sjoberg

Publicado el:: 23-08-2006

Su norte estaba en las alturas: hacía montañismo y quiso ser piloto. Pero terminó en el fondo del mar, buscando esponjas marinas y estudiando la relación con otros organismos de los arrecifes coralinos del Caribe colombiano. Sven Zea Sjoberg dirige el posgrado en Biología Marina en Santa Marta, Colombia.

Sven Zea Sjoberg
Perfil elaborado en agosto de 2006

Si alguien quiere saber algo sobre esponjas marinas, que llame al biólogo marino colombiano Sven Zea Sjoberg. Trabaja como profesor de la Universidad Nacional de Colombia en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, Invemar, en Santa Marta, participando en varios grupos de investigación científica, y además coordinando la línea de biología marina del posgrado en Biología, que ofrece Maestría y Doctorado. Él mismo tiene una Maestría de la Nacional y un Ph.D. en Ciencias Biológicas de la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, en cuyas tesis de grado conoció más a fondo las esponjas del Caribe colombiano.

Si bien es hoy el experto en esponjas marinas, ni siquiera de estudiante de Biología Marina sentía un especial aprecio por ellas. Fue en un trabajo de campo en las Islas del Rosario en Cartagena, cuando uno de sus profesores asignó a cada estudiante el estudio de algunos de los diferentes organismos que allí se encuentran. A él le tocaron las esponjas. “Al principio fue muy complicado porque son unos organismos difíciles de investigar, muy poco conocidos. Con el tiempo me fui desarrollando y especializando en ellos”, dice.

Zea es un hombre pausado, agradecido con la vida. Su oficina no tiene vista al mar, pero no importa. Entre el mar ha pasado buena parte de su vida, como buzo científico, recolectando las esponjas de los mares colombianos, las conocidas y las que aún faltan por identificar. Son muchas. Con sus primeros trabajos editó un libro donde describió 89 especies. Eso fue en 1987. Desde entonces ha ido recolectando mucha mas información que alista para sacar el segundo tomo de Esponjas del Caribe Colombiano.


{* title=La batalla de las esponjas}
Las batallas de las esponjas

“Las esponjas son los animales multicelulares más primitivos. Viven fijas al fondo, no se mueven, y a través de unos poros que tienen en la piel, y un sistema de canales interno, bombean agua de la que extraen sus alimentos, - bacterias, algas y fragmentos de materia orgánica-, y luego sacan el agua, en la cual eliminan el dióxido de carbono y las excretas”, explica.

Mantienen una lucha permanente con vecinos y visitantes, primero para que no las depreden y terminen como bocado en el paladar de algún pez hambriento, segundo para que no las desalojen de su lugar, y tercero para evitar que otros organismos se le fijen encima. Las esponjas viven alerta.

“Eso las ha llevado a que en los más de 500 millones de años que tienen desde su origen, hayan desarrollado defensas químicas muy variadas, cuyos compuestos pueden ser potencialmente utilizados como drogas para curar enfermedades, antibióticos, antitumorales, antivirales, antiinflamatorios, inmunomoduladores”, explica. Buena parte de su tiempo como investigador lo dedica a la bioprospección marina, aliado con colegas del departamento de química de productos naturales de las universidades Nacional, Antioquia y Cartagena.

“Cuando ellos necesitan extraerlas y buscar algunas sustancias en particular, yo las colecto, las identifico y se las mando. A veces con mis estudiantes hacemos ensayos de actividad con organismos vivos o en el campo. Nosotros mismos hacemos los extractos y luego los incorporamos en los medios de ensayo”, continúa relatando. Quizá algún día se descubra en ellas alguna propiedad farmacéutica que pueda desarrollarse como medicamento en el futuro.

Otra posibilidad que podrían tener las esponjas es su capacidad para producir sustancias químicas que inhiban el asentamiento de otros organismos. Como aditivo que se mezcla con las pinturas, no permitiría que las larvas de ciertos organismos deterioren las estructuras marinas sumergidas, como los cascos de los barcos o los pilotes de los muelles, que hay que estar limpiando permanentemente.

A Zea le interesa la taxonomía de las esponjas, observarlas detenidamente, identificarlas y describirlas. Pero también ha estado interesado en entender su papel en los arrecifes del Caribe, donde abundan. Con los corales y las algas, son los organismos más importantes de ese ecosistema.

“He encontrado algunos esquemas ecológicos con las esponjas que son interesantes, situaciones en las que tienen un papel particular o importante en los sistemas coralinos”, dice. “Hay un grupo de ellas, por ejemplo, que son capaces de excavar el carbonato de calcio, penetran en conchas de moluscos o en el esqueleto de los corales, los erosionan y los matan”. Es una de las batallas que ganan.

Cerca de aguas contaminadas por efecto humano, ha encontrado también que las esponjas resisten más que los corales razón por la cual también es posible que la abundancia de las esponjas termine por eliminar a los corales.

“Los corales van en desventaja porque sus mecanismos de defensa son en general externos. Sus tentáculos tienen unas células que urtican pero como la esponja va por debajo, excavando y atacando, el coral está indefenso ante eso. Hemos estudiado en qué corales se suben estas esponjas, a qué tasas, a qué velocidad avanzan, qué las favorece, cómo se defiende el coral, y cómo, a veces, el coral logra escaparse”, continúa Zea. Es toda una película viva, en el fondo del mar, donde dos especies luchan por su supervivencia.

Estas esponjas excavadoras que están interactuando con los corales son las clionas, a las que uno de sus estudiantes llamó las ‘musas díscolas del arrecife’.

{* title=La falta de tiempo}
La falta de tiempo

Zea quisiera que el día tuviera más de 24 horas... o que hubiera recursos para tener quien le ayude al papeleo, a lo mecánico, a la administración del posgrado que dirige, que sin ser importante, siempre es lo que hay que hacer urgente. Muchas veces es él mismo el que escribe las cartas, hace el sobre y envía la correspondencia. “Esto es un solo corre-corre”, dice.

Lamenta sinceramente no tener el suficiente tiempo para leer toda la información que le llega a su pantalla por el correo electrónico, por la Web, en las revistas científicas.

Quisiera también poder tener el tiempo para continuar estudiando la ecología de los arrecifes coralinos, pero también para dedicarse a organizar el libro que tiene en salmuera. “He descubierto como unas 20 esponjas nuevas y un montón de ellas las tengo en capilla, medio descritas, con los dibujos y todo”, dice, como si quisiera parar el mundo y dedicarse a lo suyo.

En su acento caleño continúa: “Puede que sea falta de disciplina, lo reconozco. Tengo datos muy buenos, pero archivados porque no he tenido tiempo de terminarlos. Somos muy pocos, de los que se espera hagan mucho, con poca plata. Terminamos siendo semilla, arado, tierra, buey, campesino, cosecha... y sentados en cuanto comité alguien se invente”. Y mientras tanto sube la pila de lecturas. No tiene tiempo para absorber, como las esponjas, toda la información que vale la pena digerir hoy en día.


{* title=El tiempo 'libre'}
El tiempo ‘libre’

Zea nació en Venezuela, se crió en Cali, su adolescencia la vivió en Bogotá, y terminó en Santa Marta donde vive con su esposa y sus pequeños hijos. Dice que tuvo una niñez con mucha libertad para explorar el entorno natural y un ambiente apropiado en tanto su padre fue un ingeniero, al que define como serio y dedicado, y su madre, de origen sueco, siempre se destacó por ser observadora de la naturaleza y lectora insaciable de temas científicos.

Pero recuerda su adolescencia como la época más difícil de su vida. “Yo era el más chiquito, era imberbe, me molestaban mucho. Me destacaba echando chistes, tomando trago, siendo irresponsable en clase, perdiendo de a dos materias por año. Ya en la universidad me sacudí del yugo de la presión de mis compañeros de colegio y empecé a ser yo mismo, a estudiar y me gustó”.

Con su hermano, su padre y un grupo de amigos hacían montañismo por los nevados colombianos. También patinaba, actividad que ha retomado ahora, muchos años después y que practica bien temprano en las mañanas y los domingos, a un ritmo más lento, con su familia.

“Cuando vamos a sitios donde se puede bucear, les he comprado caretas y aletas a mis hijos, pero dejo que ellos decidan meterse al agua, no los presiono”. Lo que si promueve es su interés por la ciencia que aprenden en el colegio. Allí ha ido con cierta regularidad a hablar de diferentes temas científicos, como el calentamiento de la tierra, o temas de astronomía. Su esposa, quien también es bióloga, ha colaborado con una campaña de reciclaje.

Prefería las alturas a las profundidades. De hecho quiso ser piloto. Lo cierto es que antes de empezar a estudiar su carrera no consideraba al mar como uno de sus destinos favoritos. “Era más bien miedoso del mar. Es mas, había organismos marinos que me asustaban mucho, como los cangrejos”, dice.

Ahora es buzo científico, no deportivo, porque el buceo es una herramienta fundamental en el trabajo del biólogo marino. Es su trabajo y a veces se vuelve cansón. “Cuando uno tiene esas expediciones de dos semanas, todos los días buceando, a uno le sabe a cacho el agua”, confiesa. Peor aún cuando hace otra confesión: se marea en barcos y lanchas...

Pero también reconoce que allí, debajo de la superficie, encuentra un mundo lleno de sorpresas. “En este Tercer Mundo nosotros tenemos que aprovechar los sistemas tropicales que no hay en los países del Primer Mundo. Ellos tienen el conocimiento y los modelos, y nosotros tenemos los sistemas. En buena medida mis contribuciones son gracias a eso. Uno se centra hacia la obtención de información observando, haciendo experimentos en el campo porque lo tiene a la mano”, explica.

El mar se le ha convertido en su mejor aliado y por eso cuando hace una pausa para pensar en lo que más lo satisface, dice: “haber podido llegar más o menos directamente, con mucho esfuerzo pero con mucha suerte, a ubicarme en una posición laboral como la que tengo: investigador profesional bien pagado, con bastante capacidad de maniobra, libertad de movimiento... y cerca del mar”.