Jóvenes investigadores - Agronomía y afines

Alejandro Boada Ortiz

Publicado el:: 01-05-2012

Unas empresas y unos consumidores amigables con el ambiente, un mundo donde el reciclaje sea sólo una parte de la solución y un mundo ‘desmaterializado’, es el sueño del ingeniero agrónomo, con dos maestrías, una en gestión de empresas y otra en gestión ambiental, Alejandro Boada Ortiz.

Alejandro Boada Ortiz
Perfil elaborado en marzo de 2007

Si la humanidad sigue consumiendo al ritmo que lo hace, necesitaremos cuatro planetas Tierra para proveerla de las materias primas necesarias para vivir en el mundo del confort y de lo que nos han vendido que es la ‘felicidad’, dice el ingeniero agrónomo Alejandro Boada, director del Centro de Tecnología y Producción, de la Facultad de Administración de Empresas en la Universidad Externado de Colombia. Y llama la atención sobre cómo aquello ‘eso’ que se considera necesario, no lo es.

Es uno de los abanderados de una nueva corriente de pensamiento, dentro de la economía ambiental, la desmaterialización, que consiste en buscar una producción y un consumo más acorde con las capacidades, a través de darle a los objetos un mayor valor por su uso, más que por la propiedad, como lo dijo en su momento el propio Aristóteles hace unos 2300 años.

En una sociedad del ‘desechable’, cuántos se han preguntado ¿a dónde van todos los computadores, pantallas, teclados, CPU, luego de unos años, cuando ya la tecnología está superada y la sociedad de consumo exige estar al día con las innovaciones? ¿cómo se reciclan los carros que ya no sirven, los electrodomésticos, los plásticos, las vajillas rotas, todo lo que bota la humanidad?

La innovación en productos y nuevos modelos de negocios son una de las preocupaciones de Boada, porque él sabe que nos estamos llenando de esa basura, difícil de reciclar, que contamina, robándole a la naturaleza mucha de su diversidad (plantas, animales, minerales), para luego devolverla como desperdicio. En términos financieros, dice, la naturaleza no se reproduce con las leyes de la oferta y la demanda. “Los peces no se miran entre ellos y dicen ‘oiga, nos están demandando más, reproduzcámonos más’. Los ciclos biológicos no tienen nada que ver con nuestra concepción del mundo”, dice.

En Boada confluyen varias disciplinas que se convierten en una rara combinación: la agronomía, donde le enseñaron a “explotar la tierra”, la administración de empresas, donde el objetivo es producir para ganar, hacer negocios, y la gestión ambiental, que estudió en un país como Suecia y le permitió apoyar el nacimiento del Ministerio del Medio Ambiente a comienzos de la década del noventa en Colombia.

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Un pensamiento novedoso, y en parte idealista

Alejandro Boada podría considerarse un idealista, con los pies en la tierra. “Cuando uno trabaja en estos cosas, trabaja en utópicos”, dice. Pero se defiende argumentando que todos los movimientos, como el cristianismo, el capitalismo y el comunismo comenzaron como algo marginal. “Muchos de esos movimientos marginales mueren y otros se vuelven las grandes tendencias”. Así que está convencido de que esta última opción es la que se ajusta más a su caso, a pesar que por los corredores de la Universidad, cuando sus colegas se lo encuentran, se ponen en actitud de disparo y le dicen: “Piiuugg, te desmaterialicé”.

Habla como una bala, y sin ser intenso, expone con claridad sus teorías, encontrando a su paso personas que van por su misma corriente. A algunos de sus estudiantes de la maestría en la facultad de administración de empresas, les ha generado la inquietud de mirar el mundo desde otro ángulo, sin dejar de pensar en hacer negocios, simplemente hacerlos viables respetando el planeta. Porque de alguna manera hay que seguir viviendo en esta sociedad consumista mientras la desmaterialización de la economía se convierte en una gran tendencia. “Hay que ofrecer opciones de negocio, mejores para el medio ambiente y más rentables para ustedes”, es el mensaje que lleva a sus estudiantes.

Esa mirada profesional le exige estar pensando todo el tiempo y recuerda lo que le dice una de sus compañeras de trabajo: “las mentes existencialistas no viven en paz”. Boada es de esos, de los que siempre se está preguntando qué pasa con las cosas, qué hay detrás, buscando causas, razones, generando hipótesis y tratando de plantear varias respuestas a esos por qué. Parte de su rutina diaria, igual que comer y dormir, es siempre tener un cuestionamiento que lo mantenga pensando, trabajarlo y llegar a conclusiones de acuerdo con las diferentes opciones que se le ocurran. Así le gusta además que piensen sus estudiantes y por eso su meta es “generar inconformes”, como él mismo lo definió.

La teoría de la desmaterialización, por ejemplo, tiene grandes detractores, y Boada es el primero en reconocer que no es una teoría perfecta, ni acabada. Uno de sus retos profesionales es buscar argumentos para hacerle contrapeso a las críticas y generar discusiones que aporten a la relación que tiene el hombre con la naturaleza que le da para vivir. “El pensamiento es una forma de convencer las personas”, dice. Pero muchas veces sus argumentos lo hacen contundente y desconcierta a sus interlocutores, quienes pueden considerarlo enemigo del sistema más que un innovador.