Jóvenes investigadores - Ingeniería y afines

Sandra Méndez Fajardo

Publicado el:: 14-06-2012

¿Qué tiene que ver la ingeniería con los problemas sociales y ambientales?

Sandra Méndez Fajardo

Autor: Camilo Calderón Acero - Especial para Universia Colombia

Para Sandra Méndez Fajardo, ingeniera civil de la Pontificia Universidad Javeriana, tienen todo que ver. Bajo sus ojos claros y contextura frágil se vislumbra una profesional que se ha enfocado en la aplicación de las técnicas de su carrera en ramas que para otros no tienen ninguna relación.

Fue así como logró, junto con su equipo de investigadores, después de convencer a sus directivos en la universidad, la aprobación y ejecución de un proyecto de investigación, que buscaba analizar el contenido de materiales como el Cadmio en granos de arroz, lenteja y fríjol que se distribuyen en los supermercados. La presencia en niveles altos de este material puede potenciar algunos tipos de enfermedades como la osteorartritis (encogimiento de huesos), disfunciones renales y hasta cáncer.

Según Méndez, “se busca generar una alerta sobre el control que se hace a estos alimentos, porque no se está haciendo. Mas allá de alarmar sobre el riesgo de cáncer, se trata de prevenir sobre los peligros que representa la presencia de estos componentes en los alimentos. Llamar la atención sobre la existencia o no de programas de control y vigilancia de las entidades oficiales”.

Este argumento a primera vista, seria útil para describir más la tarea de un ambientalista o médico que la de una ingeniera, por eso es que esta investigadora bogotana usualmente debe sustentar muy a fondo sus propuestas. Lo importante, como ella misma dice, “es que siempre hay un sustento para mis argumentos. La contaminación tiene que ver con la ingeniera civil por el lado de los vertimientos industriales que pueden contaminar las aguas de riegos o pueden haber suelos contaminados lo cual se relaciona con la geotecnia ambiental”.

Con solo 31 años, esta joven ya cuenta con una Maestría en Ingeniería Civil de la Universidad de los Andes, que precisamente hace énfasis en la parte ambiental. Por otra parte, está vinculada desde el 2001 a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Javeriana, en donde manejó las prácticas sociales de la Carrera Ingeniería Civil y de allí pasó al contacto con las comunidades y a proyectos concretos.

Según ella, este fue el último empujón para decidirse por ese rumbo en su carrera profesional. “Siempre he tratado de enfocar los proyectos hacia una parte social más que hacia una técnica porque veo totalmente unida la parte ambiental con la social”, indicó.

En está tarea Sandra Méndez no ha estado sola, junto a ella se encuentra el grupo de investigación en Ingeniería Sanitaria y Ambiental para el Desarrollo, ISAD, y otra serie de profesionales de distintas ramas, dependiendo del proyecto. Es un trabajo interdisciplinario que cuenta con el apoyo de profesionales en biología, química, epidemiología y hasta antropología. “Todo esto es necesario ya que podemos hacer un súper diseño y tener un excelentes planos pero si la parte de implementación no está bien, puede fracasar y simplemente no realizarse el proyecto”, enfatizó.

El trabajo con la comunidad no sólo lo realiza como parte de su labor investigativa. Además, esta amante de pintar por hobby, ha encontrado en el grupo de Espiritualidad Ignaciana de la Compañía de Jesús un espacio para su desarrollo personal. “Es una actividad más espiritual que religiosa que aporta grandes cosas al crecimiento personal e incluso, profesional”.

En su estancia en este grupo ha compartido también con otros miembros de la universidad. Allí se desempeña como misionera católica en comedores comunitarios o como en el 2005 cuando estuvo en un recorrido por Chile. Por esta razón, es consciente de que aparte de consolidar su grupo de investigación sueña con establecer en algún futuro un gran proyecto social.

La joven ingeniera, al contrario de algunos colegas, no ve ninguna contraposición en estas dos actividades. Confiesa que el trabajo investigativo y docente le resta tiempo para labores como pintar o bailar, pero siempre busca como relajarse ya sea saliendo con su novio a comer o preparando la cena en casa.

“Un ingeniero tiende a ser cuadriculado y por eso cultivar la parte artística le ayuda a uno a tener una visión más amplia de las cosas. Porque la investigación, aunque a veces debe ser elevada, en la nebulosa, también debe permitir hacer cosas aplicadas a la vida real, que ayuden y aporten algo concreto. No digo que la otra no sea importante pero a veces no se llega a un aporte real”, recalcó.

A pesar de esto, ella considera que el camino de apertura se está dando a nivel de su facultad ya que es docente en la asignatura que aborda el tema ambiental. Así lo expresó: “Disfruto que mis estudiantes lleguen con preguntas de su entorno y se interesen por la cuestión ambiental o social. Que vean que pueden aportar soluciones y que incluso es una posibilidad de negocio y para su desarrollo profesional”.

Con la publicación de los resultados de la investigación, también se abren posibilidades ya que se espera en una etapa futura entrar a evaluar los efectos en las personas, específicamente del estrato uno ya que su condición es más vulnerable en caso de que además exista desnutrición. Por otra parte, se están dando acercamientos con entes de control como el ICA e INVIMA para un lograr un trabajo conjunto.

El panorama para esta ingeniera civil con alma de antropóloga parece prometedor. Para ella solo es cuestión del cristal con que se mire. “En la vida pueden existir días con problemas solucionados o no, pero hay que tener la entereza emocional y espiritual de ver siempre una oportunidad simplemente en la vida. No necesariamente un día perfecto es el que uno sueña, se trata más de aprender a ver la vida de otra forma”.