A metas de biodiversidad le faltan compromisos económicos
Sebastián Winkler, presidente mundial de Cuenta Atrás 2010 de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), cuenta por qué ha fracasado la lucha para proteger la biodiversidad en el planeta.
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Tres décadas después de que los científicos norteamericanos Thomas Lovejoy y Edward Wilson pusieran en boga el término “biodiversidad”, definido como la riqueza y variedad de organismos en la Tierra, hoy el tema álgido es la pérdida de los mismos y lo poco efectivos que han sido los mecanismos internacionales para contrarrestar su desaparición.

Cuenta Atrás de la UICN reúne cerca de mil organizaciones gubernamentales y no gubernamentales alrededor del mundo para frenar la desaparición de biodiversidad, teniendo como meta principal el 2010. En una visita a Colombia organizada por el Instituto Alexander Von Humboldt, Sebastián Winkler, presidente de Cuenta Atrás, hizo duras críticas a la forma en que los Estados han abordado el tema y propuso soluciones prácticas que conducirían a que sea efectiva cualquier meta trazada en pro de la diversidad biológica.

La Agencia de Noticias de la Universidad Nacional de Colombia lo entrevistó:

Agencia UN: ¿Por qué los acuerdos para proteger la biodiversidad no han generado el impacto esperado?

Sebastián Winkler: Porque las metas de biodiversidad no tienen compromisos económicos que estimulen un gran impacto social; les faltan los dientes y lo grave es que suenan como si fueran un compromiso voluntario que además es muy suave. Solo son declaraciones de buena intención de los gobiernos que no conducen a nada.

Hay que aceptar que la lucha por la pérdida de biodiversidad no es tan conocida como el Protocolo de Kioto, por ejemplo, que cuenta con mecanismos financieros específicos que mueven acciones concretas.

Agencia UN: ¿Cómo se le ponen dientes a estas metas?

S. W.: Primero, dándole más importancia a los ministerios del Medioambiente, pues son tratados como “los niños pobres entre los demás ministerios”. En realidad, son los jovencitos de las instituciones gubernamentales, pues generalmente tienen 20 ó 30 años en casi todos los países.

En segundo lugar, se debe desmitificar aquello de que la biodiversidad es un asunto solo de medioambiente, pues también incluye a otros ministerios como Hacienda y Agricultura, con los que se deben crear estrategias conjuntas para generar políticas efectivas.

Agencia UN: ¿Cuáles son los retos urgentes?

S. W.: Se debería trabajar lo más pronto posible en la prohibición de la pesca de arrastre y crear una red global de áreas protegidas marinas en lo que respecta a los océanos.

Es necesario establecer un fondo para la conservación de las selvas tropicales, en el cual se pague un rubro a los agricultores para cuidar dichas zonas.

Es tiempo de pensar en negociar un sistema pos–Kioto, diferente al protocolo anterior, que funcione y frene de forma efectiva el cambio climático, que tira por la borda cualquier inversión económica que se haga para proteger el planeta.

Agencia UN: ¿Qué relación hay entre gobernabilidad internacional y biodiversidad?

S. W.: Tenemos nuevos países que representan las economías emergentes, como India, Brasil y China. No por coincidencia son territorios megadiversos. Lo anterior muestra que hay una convergencia entre economía y biodiversidad en medio, no de un G8, sino de un G20, una oportunidad inmensa para generar un cambio en el mundo. De los 17 países megadiversos, 6 son de Latinoamérica (Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela), y aquí el problema es que no veo un protagonismo mayoritario de la región, están desaprovechando esta coyuntura.

Agencia UN: ¿Qué debería hacer Latinoamérica?

S. W.: Volver a la conciencia sobre la propiedad ética de la biodiversidad, postulado que se firmó en el CDB, en el 92, en Río de Janeiro. Debido a su posición geográfica, su potencial y riqueza, Colombia debería asumir este liderazgo a nivel internacional.

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Sabías que… según la Red por una América Latina Libre de Transgénicos – RALLT, desde el año 1986 había suficiente comida para alimentar a 6000 millones de personas y desde hace años la producción de alimentos supera a las necesidades mundiales, por eso en algunas regiones del mundo se bota la comida para mantener estables los precios en el mercado mundial.

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