Antropología ambiental: una mirada ecológica humanista
Antropología ambiental: una mirada ecológica humanista
Según un investigador de la Universidad de la Sabana, las estrategias y estudios sobre un medio ambiente equilibrado dejan de lado al hombre, haciéndolo responsable de todas las catástrofes climáticas. En diálogo con Universia, el docente indica que la crisis ambiental no es más que la muestra de una crisis ética que se debe resolver con soluciones que van más allá de la ecología.
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Cuando se habla de los problemas ambientales que sufre el planeta, la ciencia junto con la opinión pública suelen señalar a las actividades humanas como las responsables del, por ejemplo, calentamiento global o extinción de las ballenas. Sin embargo, una investigación de la Universidad de la Sabana de Colombia indica, que, si bien es cierto que la acción del hombre sobre el ecosistema provoca cambios y modificaciones en la naturaleza, ciertos enfoques científicos intentan que el sujeto se vuelva invisible en las investigaciones y sea considerado negativamente en la relación ecosistema - cultura.

Invitado por la Universidad Austral, el profesor Felipe Cárdenas Tamara, Doctor Honoris Causa en Educación Terciaria Complementaria por la Pontifica Universidad Javeriana, Colombia, visitó la Argentina para presentar su libro "Antropología en perspectiva ambiental", en el que propone una visión de la ecología que vaya más allá de lo biológico, considerando en su análisis elementos como la narrativa sobre los paisajes, el papel de las instituciones, e incluso, las influencia de las familias y el impacto de su estructura en el ecosistema.

En diálogo con Universia, Felipe Cárdenas, investigador de la Universidad de la Sabana, de Colombia, sintetizó su mirada basada sobre la premisa de "superar los reduccionismos explicativos en lo referido a la causalidad de la problemática ambiental". Según la antropología ambiental que propone, se reconoce la responsabilidad del problema causado por el sujeto humano, pero agrega que los problemas ecológicos descansan, en última instancia "sobre una crisis moral y espiritual del hombre que introduce el tema ético en el debate ambiental con el objetivo de posibilitar y actuar para instaurar espacios para la realización creativa de la persona, la comunidad y permitir la vida de las dimensiones no humanas de la realidad", sostiene Cárdenas.

A juicio del investigador colombiano, quienes se dedicaron a la ecología se "obsesionaron por hacer ciencia objetiva, generando así reduccionismos científicos que no fueron capaces de integrar variables políticas en sus lecturas de la realidad". De esta forma, entonces, dejaron de lado al hombre considerándolo, incluso, negativo para el equilibrio del ecosistema. "El grave error de los reduccionismos sociobiológicos es ignorar que el orden social es independiente como unidad de análisis de sus vínculos con el ambiente".

Considerando que la cultura es la acción del hombre sobre la naturaleza y que se trata de un hecho inevitable, Cárdenas señala que "la base material y ecosistémica se transforma por la acción humana, convirtiéndose en un paisaje cultural". De acuerdo con el enfoque de la antropología ambiental, "todo sistema ecológico puede ser adaptativo o desadaptativo con respecto a las estrategias y las plataformas culturales que desarrolle en cuanto a los ambientes físicos". De hecho, por ejemplo, indica Cárdenas, "en determinados ecosistemas áridos, la acción humana puede enriquecerlos y volverlos más diversos". Según esta visión, es claro que el hombre y sus sistemas culturales tienen un papel activo en la transformación de los ecosistemas, como ninguna otra especie.

El núcleo central de las investigaciones de Cárdenas se basan sobre, primero, el reconocimiento de que la problemática ambiental es responsabilidad del hombre y, en segundo lugar, el tratamiento de una solución adecuada sin dejar de lado al hombre. Justamente, este punto pareciera constituir la diferencia fundamental respecto de la mirada de la biología o las ciencias físicas, debido a que la antropología ambiental propone una solución que actúe en muchos frentes: morales, espiturales, cívicos, políticos. "El dilema es cómo hacer del hombre un ser responsable, abierto a la vida y capaz de reconocer la importancia de toda forma de vida en el horizonte de su propia subsistencia", sostiene Cárdenas.

En la actualidad, algo menos del 10% de los ecosistemas naturales del mundo se encuentran en estado salvaje. "El reto y desafío del hombre es el de posibilitar la vida en una relación de armonía entre los sujetos humanos y la vida natural de los pocos sistemas silvestres que todavía quedan en el mundo. Y en el caso de los ya paisajes civilizados, la tarea de las personas es que la construcción ambiental debe ser ética y estética", asegura el investigador y agrega que "es el hombre el único ser que cuenta con la capacidad de alterar planetariamente la vida de otros seres".

Según Cárdenas, se trata de un tema ético ligado a las buenas acciones del hombre sobre el planeta. A su vez, el profesor de la Universidad de la Sabana, afirma que también constituye una cuestión estética, "debido a que nuestra casa debe ser bella, hermosa. Lo que toda la preocupación mundial sobre el medio ambiente es, precisamente, un alejamiento del ser humano del bien y la belleza".

Si se considera que en los próximos 50 años, de las 8 mil lenguas que se mantienen vivas en el mundo, probablemente más del 50% habrán desaparecido, el enfoque propuesto advierte que "la crisis ambiental es una de las expresiones de una crisis cultural, que es, a su vez, una expresión de una crisis espiritual y metafísica".

"La problemática ambiental constituye una catástrofe que se puede leer en lo que acontece tanto en los paisajes urbanos, como en los paisajes rurales. Por tanto, el hombre como ser cultural, tiene responsabilidad en el origen del problema y también en su solución", sostiene Cárdenas.

Siguiendo el razonamiento del enfoque metafísico de la problemática ambiental, el investigador colombiano asegura que "lo que acontece en los espacios visibles de la Tierra constituyen una expresión del paisaje interior del hombre. De esta manera, el sujeto debe, primero, organizar su paisaje interior, la ecología de su mente, para poder actuar de manera efectiva sobre la naturaleza". Se trata de una propuesta que intenta llegar al fondo del problema, Cárdenas ejemplifica esta búsqueda de la verdad con la frase "Salvemos las ballenas, pero fundamentalmente salvemos al hombre".

Sin embargo, de acuerdo con el investigador, las campañas realizadas por los distintos países no constituyen una estrategia adecuada para detener las problemáticas ambientales. "El próximo año, los países más ricos gastarán unos 120 mil millones de dólares para frenar el calentamiento del planeta. Los resultados salvaran muy pocas vidas. Con ese mismo dinero se podría hacer mucho para trabajar en la erradicación de la pobreza, establecer programas de desarrollo rural sostenible, incorporar estrategias educativas en el campo de la educación ambiental, promover el diseño de sistemas ecológicos en las grandes ciudades, como promover la investigación ambiental y la conservación étnica y ambiental", explica con entusiasmo Cárdenas.

Según su punto de vista, nada más estarían orientadas a una solución superficial y no de fondo. "El discurso ambiental a nivel mundial tiene una amplia difusión, pero poca incorporación efectiva. Siguen primando las visiones a corto plazo y los intereses económicos. La discriminación ambiental, implica que las poblaciones más humildes del planeta, serán los más duramente golpeados, como ya se evidencia en todos los continentes. Las actuales políticas ambientales a nivel mundial buscan generar una falsa percepción y seguridad en los países del primer mundo. Pero soluciones de fondo no se están dando. Se requieren mayores compromisos políticos dirigidos a establecer mecanismos claros que promuevan una nueva cultura ambiental basada en el sentimiento de hermandad y solidaridad mundial. Es imposible que en una sociedad egoista la causa ambiental pueda expresar soluciones profundas", concluye.

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