Biofísico colombiano aporta a la comprensión de la estructura y el color de las mariposas
En ninguna otra parte de la naturaleza parece encontrarse tanta belleza contenida como en las alas de las mariposas, por el colorido, los patrones que las caracterizan, la variedad, las combinaciones, la intensidad y la fuerza de las tonalidades.
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Pese a los intentos por descifrar el origen de tanta belleza junta, hasta hace muy poco los científicos no habían podido saber cómo son creados tales colores, hasta que el físico colombiano, egresado de la Universidad de Antioquia, Marco Giraldo Cadavid, con la ayuda de un equipo investigador holandés, se aplicó a la tarea de desentrañar el ‘misterio’.

Al lado del grupo de neurobiofísica de la Universidad de Groningen –el equipo científico holandés que se ha interesado en estudiar los ojos de los insectos, en particular de las moscas y en los últimos años de las mariposas–, Giraldo Cadavid ha analizado cómo participan en el proceso de visión los colores que las mismas mariposas generan.

La idea del trabajo, adelantado como parte de su formación doctoral en biofísica en los últimos cuatro años, es entender cuáles son los procesos físicos que explican el color en las alas de las mariposas, examinando la estructura de las escamas de las alas de algunas especies, como la pequeña mariposa blanca o de la col, que pertenece a la familia Pieridae.

“Escamas de alas de mariposa. Pigmentación y propiedades estructurales” es el título de la tesis doctoral con la que Marco Giraldo Cadavid se graduó en Groningen y cuyos resultados ya le dan la vuelta al mundo a través de la web. Pertenece, a su vez, a un proyecto macro que busca comprender el color en la naturaleza, cómo algunos insectos ‘ven’ los colores o tienen una idea de su entorno y cómo esos colores funcionan en la comunicación interespecífica –entre las especies– e intraespecífica –en la misma especie.

En esa dirección, la investigación permitió una mejor apreciación de lo que sucede con las subespecies japonesa y europea, pues aunque son mariposas pertenecientes a la misma familia Pieridae, presentan algunas diferencias.

Es propio de la subespecie japonesa –explica Giraldo Cadavid– el dicromatismo sexual, según el cual el macho presenta un color y la hembra otro, aunque a nuestros ojos ambos parezcan blancos, y sólo parezcan porque cuando se analizan con un espectrofotómetro nos damos cuenta que mientras el macho absorbe el ultravioleta, la hembra lo refleja; ello, por el contrario, no sucede con la subespecie europea, pues tanto la mariposa macho como la hembra absorben el ultravioleta, lo que a la hora de la cópula genera equívocos.

“La subespecie japonesa –precisa– absorbe y refleja el ultravioleta, una característica que para nosotros no es muy visible, porque sólo vemos en el espectro longitudes de onda desde el violeta hasta el rojo, dado que tenemos tres fotorreceptores –rojo, verde y azul–, mientras que las mariposas tienen hasta seis”.

Interesado como siempre estuvo en la biofísica –la relación entre la biología y la física, las aplicaciones de las leyes físicas a la biología y cómo ésta puede ser comprendida con la ayuda de los conceptos matemáticos y físicos–, el joven investigador hace unos diez años se vinculó al grupo de biofísica de la Universidad de Antioquia, en aquel entonces coordinado por el profesor Napoleón Hernández, ya fallecido.

Luego, tomó contacto con los investigadores de Groningen, con el profesor Doekele Stavenga como líder del grupo de neurobiofísica, y como fruto de esa vinculación y de las pacientes indagaciones del biofísico colombiano el conocimiento sobre las estructuras de las alas de las mariposas muestra avances importantes no sólo en el campo de la física y la biología, sino también en el de la aplicación en la industria del color.

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