El medio ambiente un tema con sentido social
Universia presente varias miradas sobre la coyuntura ambiental. El análisis de un biólogo de la UN sobre calentamiento global; la invitación a un Seminario sobre salud mental en situaciones de desastre, en la Javeriana de Cali; un Diplomado sobre Control de Contaminación del Aire, en la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito; y la posición de una ecóloga, de la Javeriana de Bogotá, sobre el uso racional del agua.
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“Es necesario moderar las informaciones sobre el calentamiento climático para mirar con imparcialidad los cambios en la temperatura global”. Así lo escribe el biólogo y doctor en Matemáticas Javier Burgos, profesor del Instituto de Estudios Ambientales (Idea), invitado por UN Periódico Digital, para señalar qué hay de alarmista y qué hay de veraz en la aparente indisciplina del clima.

Los sofocantes días no han dejado de arrancar a los inquilinos de la fría Bogotá comentarios en sus conversaciones cotidianas, con vaporosas vestimentas, más raras que habituales entre los habitantes capitalinos. También en Europa y en Estados Unidos los medios han convertido en información de primera plana al “extraño” clima que ronda sin mediar predicción, perturbando la vida “normal” de las ciudades.

Pero ¿hasta dónde este paisaje meteorológico corresponde a un fenómeno inducido por la actividad humana y hasta dónde es la expresión natural de un ciclo inevitable del comportamiento atmosférico?

Aunque los sentidos dominen nuestras percepciones, retomar las voces de la ciencia para aproximarse a los “desórdenes” del clima sirve para entender lo que pasa. Están suficientemente documentados los ciclos de enfriamiento y calentamiento de la Tierra, que han hecho sucumbir, e incluso desaparecer, civilizaciones completas en el pasado.

Aun cuando en los medios casi no se habla de un cambio climático natural sino inducido específicamente por la actividad humana, la realidad científica es que no sabemos cuál porcentaje corresponde a lo primero y cuál a lo segundo.

Dos caras, una sola moneda
Estudios de índole geológica demuestran que los cambios climáticos han sido más frecuentes y rápidos de lo que imaginamos. En la historia y prehistoria del planeta ha habido temperaturas promedio mucho más altas que la actual: dos a tres grados mayores. Si el termómetros medio de la Tierra subiera hoy a ese registro, se descongelaría una porción significativa de los casquetes polares y las ciudades costeras se inundarían.

En contraposición, los periodos glaciales, han cubierto los hemisferios norte y sur, con excepción de la franja ecuatorial. Entre otras, razón por la cual vivimos en el mejor sitio desde el punto de vista de cambio climático.

En la otra cara de la moneda está la tendencia hacia el calentamiento, que desde la década del 70 del siglo XX brinda otra explicación de las temperaturas extremas que vida el globo, acelerado justo por la presencia del fenómeno del Niño, también previsto para este año, con una de las intensidades más fuertes de los últimos años.

En esa lógica, para Bogotá, por ejemplo, se puede esperar que en los próximos años la temperatura promedio sea incluso mayor de lo que es ahora, en este caluroso enero.

Y son también esas dos realidades –una natural y otra inducida, una cíclica y otra coyuntural– por las que es equivocado seguir echando la culpa del calentamiento global al ser humano. Sin duda se requiere de más evidencias científicas para que la actual civilización tenga las herramientas para mitigar cuando sea del caso o afrontar cuando se requiera.

La ciencia del clima
El paradigma actual es que la variabilidad y el cambio del clima pueden ser proyectados por décadas o centurias a partir del conocimiento del estado actual y los datos históricos obtenidos a partir de los estudios geológicos, climáticos y metereológicos llevados a cabo alrededor del mundo.

Sin embargo, recientemente se ha hecho claro que debido a la representación imperfecta de la complejidad del sistema terrestre, la no linealidad de los procesos de retroalimentación, tanto espaciales como temporales, que controlan el clima y finalmente, la imposibilidad de predecir la conducta humana, no es posible determinar con seguridad cual será el rango de cambios que sufrirá el clima en un futuro y por ende su impacto sobre los diversos ecosistemas y la especie humana.

Bajo esta perspectiva, se hace urgente desarrollar nuevos paradigmas científicos para evaluar de manera más real, la vulnerabilidad de los ecosistemas y nuestro modo de vida a los cambios climáticos que cada vez son más notorios y están mejor documentados.

Mientras estos paradigmas se desarrollan, deben mirarse de manera crítica las afirmaciones alarmantes, e incluso de índole catastrófica, que con frecuencia se encuentran en los medios masivos de comunicación, relacionadas con el posible impacto del cambio climático, esto es, el incremento de la temperatura promedio, el cambio en los regímenes de lluvias, la acidificación y transformaciones en el nivel del mar, entre otros.

Tal mirada permitirá tomar medidas políticas, económicas y sociales tendientes a mitigar los efectos del cambio climático, teniendo presente, además, que éste bien puede ser de tipo natural o inducido.

Para ello es posible pensar en el desarrollo de nuevos modelos matemáticos de sistemas dinámicos, de métodos prospectivos de estudio basados en la generación de escenarios, de cuantificación de la incertidumbre por métodos Bayesianos y minería de datos, para mencionar sólo algunas aproximaciones científicas posibles, que den como resultado nuevo conocimiento que lleve a la toma racional de decisiones que de manera robusta, preserven el medio natural y mejoren la calidad de vida.

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