¿Qué hace una estación científica de la UN en medio de la selva? En la edición número 8 de Matices, historias detrás de la investigación, el reto de un grupo de investigadores de la sede Amazonia de la UN que lleva más de cinco años estudiando la vegetación de la selva y ha evidenciado el impacto del cambio climático sobre estos ecosistemas tropicales.
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Los bosques amazónicos funcionaron durante millones de años como una “esponja” que absorbía parte de la contaminación del planeta. Almacenaron cerca de 120 miles de millones de toneladas de carbono en su biomasa y, a través de la fotosíntesis, procesaron aproximadamente 18 miles de millones de dichas toneladas. Algo así como el doble de la tasa de emisiones de combustible fósil. ¡Un eficiente pulmón verdad! Pero su respiración cambió.

En el 2005, la sequía más intensa de los últimos 100 años transformó este panorama. La selva se vio en aprietos y dejó de ser un sumidero del carbono producido por emisiones de la deforestación, de combustibles fósiles y la degradación de los bosques, e invirtió los papeles: fue tan sensible que liberó el equivalente a 5 mil millones de toneladas adicionales de carbono a la atmósfera. En consecuencia, grandes pérdidas de carbono retroalimentaron el cambio climático.

“El crecimiento de los árboles se vio afectado y la tasa de mortalidad de algunas especies aumentó”, señala la bióloga María Cristina Peñuela, directora de la Estación Biológica El Zafire, un laboratorio natural de la sede Amazonia de la Universidad Nacional de Colombia en las entrañas de la selva, desde la cual científicos son testigos de la respuesta de los ecosistemas amazónicos a los cambios ambientales.

Midiendo vegetación

Fue construida en el 2004 y está rodeada por un mosaico de bosques (planicie inundable, arena blanca y tierra firme) favorable para estudiar la “Amazonia en miniatura”. Hace parte de la red internacional Rainfor, y desde allí se sigue monitoreando la vegetación y el carbono en cuatro parcelas de estructura y composición florística diferentes, distribuidas en 23 hectáreas de bosque.

Cada árbol, palma y bejuco tiene su propia respuesta frente a las alteraciones climáticas. Tras su respuesta se encuentran los investigadores de El Zafire, expertos en reconstruir la historia de vida y “de muerte” de cada individuo. ¡Qué tarea! ¿Cómo lo hacen? Matices lo cuenta en su edición número 8 que ya está en circulación.

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