Leishmaniasis: Datos reveladores desde la botánica y la biofísica
Dos investigaciones de la Universidad Nacional de Colombia, pioneras en el mundo, avanzan en la forma cómo el parásito que causa la leishmaniasis vulnera al sistema inmune.
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La primera explica cómo ataca a las células e impide que se suiciden como mecanismo de defensa. La segunda desarrolla un tratamiento alternativo con plantas nativas que promete curar e inmunizar al afectado.

Leishmania es un bicho raro y agresivo que desafía a la ciencia, pues se mete en la célula humana e inactiva sus defensas. Su acción genera lesiones en la piel, las mucosas y las vísceras, y su daño es tan severo que deforma los órganos afectados. De no tratarse a tiempo, la leishmaniasis, como se llama la enfermedad que produce, puede causar la muerte.

Marcela Camacho, investigadora de la UN, explica que Leishmania es un parásito grande que arrincona las defensas del macrófago, célula del sistema inmune donde residen los parásitos que entran al cuerpo. Es un cuento aparte en el mundo de los parásitos; se mete en un compartimento dentro del macrófago y lo desarma. “Estudiamos las propiedades eléctricas de las tres membranas concéntricas que hay en la célula infectada: la del macrófago, la de la vacuola parasitófora y la del parásito; a esta última membrana le estudiamos los canales iónicos”.

Uno de los descubrimientos se relaciona con las propiedades eléctricas de la membrana del macrófago que, según los resultados de la investigación, se alteran por la presencia de Leishmania. El cambio eléctrico más evidente es que la célula se hace más negativa con respecto al exterior. Al analizar las propiedades eléctricas de macrófagos apoptósicos y macrófagos infectados con Leishmania, se evidencian variaciones. El infectado tiene más carga negativa (está hiperpolarizado), mecanismo por el cual el parásito haría que el macrófago no entre en apoptosis.

Las técnicas electrofisiológicas permiten estudiar en tiempo biológico real los canales iónicos. Lo que se quiere es entender cómo es el impacto de la infección en la membrana del macrófago, sus propiedades eléctricas y si en la vacuola parasitófora hay canales iónicos que faciliten, de alguna manera, la adaptación del parásito.

Según la científica hay una explicación menos compleja que, al parecer, es lo que inactiva los mecanismos de defensa de la célula. Leishmania vive en un compartimiento que es grande y que solo por esto podría comprometer el funcionamiento interno del macrófago. “Tenemos la teoría de que el sistema que permite que el macrófago señalice bien está arrinconado por culpa de esa vacuola gigante, esto hace que envíe señales inadecuadas a las otras células”.

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