Normalmente, los machos permanecen en sus lugares de reproducción hasta que se completa el proceso de desove, recuerdan los científicos en su estudio.
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Así ocurrió antes del devastador sismo que sacudió la localidad central italiana de LAquila en abril de 2009.

Investigadores de la Open University británica que se encontraban haciendo un estudio sobre los sapos comunes (Bufo bufo) en el lago de San Ruffino vieron con sorpresa cómo cinco días antes del terremoto de 5,8 grados de magnitud el 96% de los sapos macho abandonaron la zona, situada a 74 kilómetros del epicentro.

Tres días antes del temblor desaparecieron todas las parejas de sapos y no fueron hallados huevos frescos en ese lugar hasta después de la última réplica importante (de más de 4,5 grados de magnitud).

"Fue una gran sorpresa", declaró la Dra Rachel Grant, autora principal del estudio, que se publica en la revista Journal of Zoology.

Según Grant, el estudio es "uno de los primeros en documentar el comportamiento animal antes, durante y después de un terremoto ", ya que hasta la fecha la mayoría de los informes sobre la capacidad de los animales de presentir seísmos son "anecdóticos".

Grant y su equipo estaban estudiando los efectos de los ciclos lunares sobre la reproducción de los sapos en San Ruffino cuando ocurrió el terremoto, que causó 300 muertos y dejó a miles de personas sin hogar en Laquila.

Normalmente, los machos permanecen en sus lugares de reproducción hasta que se completa el proceso de desove, recuerdan los científicos en su estudio.

Grant explicó que los batracios empezaron a regresar al lago al día siguiente del temblor, pero en números menores de lo habitual hasta que pasó la última réplica.

Incluso durante la luna llena, cuando aumenta el número de sapos apareándose, los científicos sólo contaron 34 de estos anfibios, en comparación con 67 y 175 en años anteriores.

Este cambio de comportamiento coincidió también con alteraciones en la ionosfera, la capa electromagnética superior de la atmósfera terrestre, que fueron detectados gracias a un sondeo de radio de baja frecuencia (VLF).

La liberación de gas radón - o de ondas de gravedad, supuestas teóricamente - antes de un terremoto se ha atribuido a cambios en las corrientes y campos eléctricos atmosféricos, aunque en este caso no se pudo determinar la causa de las alteraciones en la ionosfera.

"Nuestro hallazgo sugiere que los sapos son capaces de detectar pistas presísmicas como la liberación de gases y la carga de partículas y de utilizarlas como un sistema de alerta temprana", señaló Grant.

Sin embargo, la científica dijo que no es seguro que los sapos reaccionen siempre de esta manera ante un terremoto, y recordó que hibernan durante gran parte del año.

"Pero es posible que un día un sistema combinado de comportamiento animal y detectores sismológicos pueda aumentar la exactitud de la evaluación de un riesgo de terremoto", señaló.

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