La década del 70 es importante porque a partir de ese momento empieza a adoptarse la caficultura tecnificada que conlleva cambios drásticos en el manejo de la parcela de café y esto repercute en el paisaje, por ejemplo, antes de 1970 las parcelas de café tenían un sombrío bastante denso que ha venido desapareciendo a medida que se ha adoptado la tecnificación, explica Andrés Guhl, profesor del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo (Cider) de la Universidad de los Andes, en su libro Café y Cambio de Paisaje en Colombia, 1970-2005, que presentó el 26 de noviembre.
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La idea esencial del libro –coeditado por la Universidad Eafit y el Banco de la República y con prólogo de Marco Palacios, historiador del café en Colombia– era buscar alguna región del país donde fuera muy evidente un cambio en el paisaje mismo a partir del manejo que le da la gente a este, dice Guhl.

“Por ejemplo, en el caso de la región cafetera hay una serie de fuerzas muy importantes que determinan cómo se ha transformado el paisaje, básicamente procesos de colonización en el siglo XIX y la adopción del café como cultivo. En este sentido, la primera parte del libro mira cómo fue esa apropiación de las laderas en los climas templados de los andes colombianos y luego hace énfasis en qué pasó a partir de 1970 y por qué el periodo de 1970 a 2005 es importante”, explica Guhl.

Impactos de la tecnificación
La investigación de Guhl –resultado de su tesis de Doctorado en Geografía de la Universidad de la Florida– encontró que la tecnificación ha tenido otros impactos, no necesariamente negativos para el paisaje, como que el área sembrada se ha reducido, es decir, se puede producir más café en un área menor y por lo tanto hay otra área antes sembrada con café que queda libre y ahora está sembrada con otro tipo de productos.

“Uno de los resultados del libro, que va un poco en contra de lo que se encuentra en la literatura internacional acerca de si la intensificación de la producción agrícola redunda en que el paisaje se vuelva más homogéneo porque casi siempre la tecnificación agrícola está asociada con el uso de maquinaria que genera grandes extensiones con el mismo cultivo, es que esto en las laderas de la zona cafetera es imposible. Así se desprende del estudio que no solo analizó los municipios de lo que se conoce como región cafetera, es decir, el Viejo Caldas, Antioquia y norte del Valle, sino los 579 municipios cafeteros de todo el país”, explica Guhl.

Por otra parte, el estudio encontró que la cantidad de bosques y rastrojos –zona donde el bosque se ha ido regenerando de manera natural–, aparentemente ha aumentado. Esto es consecuente con otros sitios donde han ocurrido procesos similares de la intensificación de café porque el cultivo tecnificado es más exigente en cuanto a las condiciones de suelo, de clima, etc. y muchas zonas que antes eran un poco marginales, ahora lo son aún más por el hecho de que hoy en día se puede producir más en un área menor.

“Digo aparentemente porque es un resultado inesperado de la investigación. Alguien debe realizar ese estudio porque tampoco se sabe si por ejemplo lo que era bosque en 1970 está en el mismo sitio de lo que es bosque en 2005. Falta ver si esto tiene una continuidad en el espacio y el tiempo”, dice Guhl.

Erosión, ambiente y biodiversidad
Esta investigación, que contó con el apoyo de Colciencias, Cenicafé, la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia y el Centro de Conservación en Desarrollo Tropical de la Universidad de la Florida, encontró además que el área de café se redujo en el país aproximadamente en 18 por ciento y se ha mantenido así entre 1970 y 2005. “Pasamos de tener alrededor de un millón de hectáreas de café, a tener alrededor de 880 mil que hay ahora y eso sin que se haya reducido la producción. Es más, la producción ha ido aumentando, pero cultivada en un área menor”, dice Guhl.

En cuanto al impacto ambiental, ha habido más erosión, ya que al quitar muchos de los árboles sombríos –es importante recalcar, dice Guhl, que la producción tecnificada no implica quitar todos los árboles, sino reducir la sombra, aunque en muchos casos la sombra desparece– el suelo queda expuesto en algún momento, lo que ha generado erosión en muchas zonas.

Así mismo, ha habido zonas donde también hay contaminación de aguas asociadas al procesamiento de la cereza del café, porque toda la materia orgánica generada se botaba a los cursos de agua. Además, ha habido impactos en biodiversidad debido a que no quedan muchos bosques en todas estas regiones cafeteras.

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