Urge una agenda ecológica para el cambio climático en Colombia
Juan Felipe Blanco Libreros, docente de la Universidad de Antioquia recalca la importancia de afrontar el cambio climático en Colombia desde las causas propias como la expansión no planificada de las ciudades y la deforestación de los ecosistemas naturales.
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Esta reflexión la realiza en el editorial del próximo número de la revista científica Actualidades Biológicas, editada por el Instituto de Biología de la Universidad de Antioquia.

Blanco Libreros plantea que dejemos de mirarnos como víctimas de un proceso de industrialización contaminante de los países desarrollados y urge a los científicos nacionales para que actúen de manera decidida para entender la relación entre dichas causas del orden nacional y sus efectos sobre el clima y los ecosistemas. Finalmente, resalta el importante papel que tienen las universidades para promover la investigación sobre cambio climático.

Durante 2007 el mundo y Colombia fueron testigos de varios acontecimientos que dieron cuenta del aumento de la conciencia ambiental del ser humano. Primero, el gobierno de los Estados Unidos aceptó sorpresivamente que el calentamiento global por el que atraviesa actualmente el planeta es responsabilidad del crecimiento económico desmedido, con prácticas industriales contaminantes que emiten grandes cantidades de CO2, el principal gas causante del efecto de invernadero, a la atmósfera.

Esta reacción, en parte, fue forzada por la publicación de una serie de reportes del IPCC que mostraban evidencia contundente al respecto (IPCC, 2007). Luego, este esfuerzo le valió a la organización internacional el reconocimiento con el Premio Nobel de Paz adjudicado en octubre. Esta “verdad incómoda” para los gobernantes también ha servido para el surgimiento de grandes movimientos y personajes ambientalistas con gran impacto en los medios y la política, como lo ejemplifica Albert Gore, también laureado con el mismo Nobel. Localmente, la toma de conciencia ambiental se vivió en la Universidad de Antioquia con la celebración de ExpoUniversidad 2007, dentro de la cual se celebró el Simposio Académico Internacional “Cambio Climático: Ciencia y Conciencia”, en el que participaron expertos internacionales y nacionales para disertar sobre el tema (Guzmán, 2007).

Sin embargo, esta reunión puso de manifiesto que pese al volumen de estudios disponibles a nivel internacional, los países en vías de desarrollo, y particularmente Colombia, continúan impávidos ante la magnitud del problema. Sorprende que la política nacional existente sobre el tema del calentamiento global sea insuficiente, pero más aun, que la comunidad científica, particularmente la biológica, permanezca indiferente, sobresaliendo solamente los esfuerzos de investigación de pocos hidrólogos y meteorólogos (e.g., Pabón, 2003, 2007; Poveda, 2004).

Mientras las políticas gubernamentales y los planes de acción de sus estructuras operativas (IDEAM, 2007a, b, c) remedan las adoptadas por los países industrializados, se observan pocos programas o líneas de investigación al interior de las universidades y centros de investigación, y no hay estímulos por parte de Colciencias a través de convocatorias temáticas (Miranda, 2007). Todo esto, en parte, porque se considera que no somos parte del problema sino más bien víctimas (Costa, 2007), cuando en realidad somos ambas cosas. Por ejemplo, los estudios del Instituto Colombiano de Estudios Ambientales y Meteorología (IDEAM) se centran en identificar los patrones de cambio del clima (calentamiento atmosférico: 0,1-0,2 ˚C/década; cambios de precipitación: -4 a + 6%/década), registrar la pérdida de los glaciales y el incremento del nivel del mar (3-5 mm/año) y monitorear el incremento de enfermedades tropicales resultantes del calentamiento global (Costa, 2007).

El Gobierno colombiano, como firmante del Convenio Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático desde 1995, realizó su primera comunicación (CN1) en el 2001 (IDEAM, 2007b). En ésta habló de la adaptación de los sistemas más vulnerables al cambio: los ecosistemas de alta montaña y de las islas y costas del caribe. También enfatizó sobre las amenazas para la salud humana por la expansión del dengue y la malaria, y para las actividades económicas como la generación hidroeléctrica y la agricultura por la reducción de la oferta hídrica.

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